15 de febrero de 2018

"Quizás la escritura viva un renacimiento, y un día haya un solo lenguaje universal que se base en símbolos pictóricos" (David Testal)

©Eva Rufo















Si como dices, la palabra crea la realidad, ¿cómo crees que será la realidad de un joven del siglo XXI cuya expresión escrita se basa, principalmente, en palabras acortadas o expresiones llenas de símbolos diferentes al idiomático, emitidos a través de un dispositivo digital?

No quiero hacer hipótesis sobre la realidad de otros. Además para mí no existen los jóvenes, ni un joven abstracto… existen sólo individuos concretos, todos únicos, independientemente de su edad, de su género, de su raza, de cualquier característica... Y cada individuo vive en una realidad distinta, aunque aparentemente comparta costumbres con otros. Dentro de una misma cultura, nadie vive en la misma cultura. Unas mismas costumbres pueden significar, según para quién, cosas distintas. Acortar una palabra puede conllevar empobrecimiento o eficiencia. Aplicar un símbolo puede ser simplificación o sutileza. Por ejemplo.

Y además, en cada época, algunos individuos se desvinculan de las costumbres comúnmente aceptadas y, al resistirse, fortalecen lo amenazado. Así la supuesta amenaza a un lenguaje rico y bello puede haber sido su salvación. El rechazo a esa amenaza es, precisamente, lo que hace que no sólo se conserve, sino que se reanime, que se subraye su importancia y se recupere cierta profundidad perdida mucho tiempo atrás, antes incluso de la aparición de dicha amenaza.

¿Crees que afectará este tipo de lenguaje fraccionado al lenguaje hablado tal como lo entendemos ahora?

Aunque todo afecta a todo, no creo que sea decisivo, puesto que esta forma de utilizar las palabras es muy circunstancial, y creo que a nivel histórico su prevalencia va a resultar mínima. Se ha ido desarrollando espontáneamente como una forma de transmitir más información en menos tiempo, para interactuar con más inmediatez, y porque hasta ahora teníamos que escribir con un teclado pequeño, mirando una pantalla pequeña.

Pero los dispositivos físicamente diferenciados de nosotros desaparecerán. La red estará integrada en nuestra percepción. Y nos bastará con dictar mensajes y dar órdenes verbales, y entonces quizás lo más eficiente será hablar lo más correctamente posible. No hará ya falta escribir nada en ninguna parte, ni en una pantalla ni en un papel, salvo que alguien quiera hacerlo como un acto romántico o creativo. Tendremos un secretario virtual a nuestra disposición todo el tiempo. Muchos grandes escritores dictaron sus obras, y muchos ejecutivos no escriben ya ni una sola línea. Así que quizás ese lenguaje fraccionado del que hablas desaparecerá pronto sin afectar apenas al lenguaje hablado que, por el contrario, pasará a tener todo el protagonismo frente al acto de escribir, que será en realidad el afectado, tendiendo a desaparecer.

O quizás la escritura viva un renacimiento y se dirija a la abstracción visual, y un día haya un solo lenguaje universal que se base en símbolos pictóricos. Quizás esos símbolos inoculen en nosotros conceptos mucho más complejos de lo que nuestras palabras actuales sueñan, y esto representará un salto cuántico en nuestra percepción de la realidad, y viviremos en un universo totalmente distinto, porque pensaremos de formas que ahora no podemos siquiera imaginar. Quizás con ese lenguaje podamos entender al fin fenómenos como los círculos de las cosechas, o podamos hablar con otras civilizaciones extraterrestres o extra-dimensionales. Quizás ese lenguaje pictórico sólo sea la antesala del silencio, de la telepatía, de la continua y consciente inmersión en ese profundo saber que todos conformamos, y al que ahora sólo accedemos a veces mediante la intuición. Quizás entonces todos nos reconozcamos pacíficamente en ese lenguaje común, o en esa ausencia de lenguaje. Y quizás miremos atrás un día y entendamos que el aleteo de la mariposa, el detonante de todo esto, fue el primer simple y tonto emoticón.

Sólo estoy elucubrando, y sé que a muchos les preocupa un posible empobrecimiento de nuestro lenguaje. Pero detesto ese pensamiento pacato que vive atemorizado por cualquier amenaza a la forma de vida a la que está habituado, que se regocija en la nostalgia, permanentemente centrado en lo que cree perder, y por ello incapaz de imaginar todo lo bello que puede ganar. Si las palabras tienen que desparecer un día para que seamos mejores habitantes del cosmos, que así sea.

Sé que has escrito un libro impreso con fragmentos de tus publicaciones en twitter. ¿Has hecho lo mismo pero a la inversa?

Ahora mismo estoy terminando de darle forma. Será mi próximo libro. No lo he escrito con fragmentos de lo publicado en Twitter, sino que gran parte del libro lo ocuparán mis tuits, cerca de tres mil, toda mi actividad allí desde el 2010. Tener que ajustarme a la restricción de caracteres me ha hecho profundizar en el acto de escribir más que en toda mi vida.

En cuanto a tu pregunta, mi anterior libro ha sido y es muy fotografiado. Entre los lectores se ha generalizado un ritual por el cual abren al azar el libro y fotografían el texto que aparezca (#AbiertoAlAzar), y esa fotografía la comparten después en las redes. Yo mismo hago ese ritual de vez en cuando. Creo que gran parte del libro ha sido así compartida de forma gratuita a lo largo del tiempo. No sé si te referías a esto con “a la inversa".

¿Qué cosas escribes a mano?

Prácticamente todo. Lo que más me gusta es escribir primero a mano, y luego aprovechar la re-escritura para llevarlo a un archivo o a la red social que corresponda. Cuando de niño comencé a escribir, lo hacía a mano en un cuaderno. Desde entonces tengo uno cerca siempre. Allá donde vaya suelo llevar conmigo el libro que esté leyendo y ese cuaderno. Escribir a mano me hace viajar al pasado y cuidar de aquel niño que escribía de noche para acompañarse a sí mismo, para vencer a los monstruos y hacer justicia. Además ahora añado un sentido metafísico a esa intimidad. Si la escritura es para mí un acto mágico de primer orden, no concibo un conjuro no escrito a mano.

También tengo cierto cariño estético al gesto. Al expresarnos a través de caracteres personales y únicos, y no a través de los caracteres universales diseñados para un programa de escritura, algo profundo de nosotros se está expresando en ellos, como bien sabría cualquier grafólogo. Entonces el acto físico de escribir constituye un acto artístico en sí mismo, independientemente del contenido, o como vehículo del mismo, al igual que sucede para un artista plástico. Me gusta imaginar mi cuaderno como si fuese el cuaderno de bocetos de un escultor.

Sé que te preocupa la educación. Partiendo de que existe un sistema establecido que se basa en educar desde fuera a los niños, ¿crees que los profesores de este sistema deberían olvidarse del aprendizaje analógico de la escritura?

Que llamen educación a la imposición de conocimientos es cinismo. Que además esos conocimientos sean en su mayor parte inútiles, seleccionados arbitrariamente y transmitidos según el criterio de los burócratas de turno, es un delirio y un abuso institucionalizado. Creo que lo mejor es dejar en paz a los niños para que aprendan lo que quieran aprender cuando les salga de las narices aprenderlo. Y entonces, cuando quieran aprender algo voluntariamente, escritura analógica incluida, estar preparados para ofrecérselo y acompañar en su aprendizaje de la mejor forma posible.


Entrevista realizada y propuesta por Macarena Mena Santos para el debate público "¿A dónde va la escritura digital?", convocado por la Fundación Escritura(s).
(No fue seleccionada y no se publicará allí, así que la publicamos aquí)

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