Si en ti hay vida, tienes acceso a los secretos de todos los tiempos,
pues la verdad del universo reside en todos y cada uno de los seres humanos.
(Morihei Ueshiba)







Vive sin metas y sin vocación


Torei-calligraphy: Mu.




Vivir en base a metas es vivir en el futuro, para el futuro. Es decir: para algo que no existe. Vivir para nada. Hoy existe en el mundo una epidemia de afán por el logro. Muchos necesitan inventar metas para sentir que su ser evoluciona. Identifican la evolución con el movimiento, y no sólo con el movimiento, también con la dirección definida de ese movimiento. Sin embargo las metas son ilusorias, horizontes. El objetivo deseado cambia continuamente, y al ser alcanzado ya no es el mismo que se deseaba alcanzar. Tampoco quien lo deseaba es ya la misma persona. Por tanto no se alcanza aquello que se pensaba. No se alcanza nada. Se pasea, se visitan aconteceres, se viven apariciones, y guiados por el deseo nos maravillamos de lo que sucede, imposible de prever. Los niños juegan y corren sin saber para qué ni hacia dónde. El deseo es un fin en sí mismo. No imaginan una ganancia. Vivir es el premio. Estar vivo, y correr, y saltar, y jugar. Los adultos, estupidizados ya por esta "educación" pensada para crear máquinas que cumplan programas prefijados, tienen implantado un chip en el estómago que hace que este se encoja si se desvían del trayecto planeado antes de partir. A los niños se les enseña el valor de estudiar para pasar un examen, y no para sentir el placer de aprender mientras aprenden lo que desean, no por el placer de sentir más y más amplitud de significado en ellos, de expandir su consciencia. Los adultos tontos y sádicos, ofrecen a sus hijos en sacrificio a los pies de sus árboles genealógicos, fieles a la mentira familiar. Víctimas inconscientes de su propio asesinato, desvían su venganza y perpetúan la estupidez. La prueba es este mundo que los adultos han creado, los mismos adultos que se quejan ahora de la irresponsabilidad y egoísmo de sus hijos. Sin inmutarse. Sin que se les caiga la cara de vergüenza.  El principal problema de los niños son sus padres y sus profesores. Han convertido la aventura de aprender en una castración, una ablación, un desollamiento, un lavado de cerebro, una imposición forzada de datos caducos y no pedidos, un hacer olvidar la sabiduría profundamente creativa con la que estamos conectad@s desde antes del principio. Si lo que importa es un examen futuro, una valoración, un juicio, el presente se convierte en un estrés continuo. Y la presencia serena y satisfecha desaparece. Es este sistema enfermo el que nos ha expulsado del paraíso, y al que hasta ahora hemos contribuido sin rechistar.

Toda una ola de gurús de la efectividad aprovechan este paradigma educativo, y enseñan cómo fijar y lograr objetivos. Quizás sea un error de interpretación de alguno de sus seguidores, que no lo ven simplemente como una herramienta de la que disponer para cosas concretas y puntuales, o quizás sea un enfoque táctico de estos gurús para llegar más profundamente a la psique y captar más acólitos, pero a través de ellos mucha gente asocia esa capacidad de alcanzar metas con la de ser feliz. Así el mundo está llenándose de personas satisfechas con su colección de objetivos alcanzados, como si fuesen los trofeos de un atleta adolescente, o las fotos que un alpinista adicto se hace en cada cumbre, personas que eligen ese camino de autoafirmación y que sienten, sin embargo, un inquietante vacío que no comprenden, y que intentan llenar una y otra vez, fijándose nuevos objetivos, para no tener que pararse y mirarse en el espejo. Viven continuamente en el futuro. En ninguna parte. Sacrifican el presente, haciendo a veces cosas que no harían en ese momento sólo porque creen que son pasos necesarios para alcanzar el supuesto estadio planeado. Confunden lo que llaman "capacidad de aplazar la recompensa" con el sacrificio, y con no honrar el presente. Una vida eternamente pospuesta.

Sumidos en este arquetipo conquistador, es normal que sintamos una profunda ansiedad cuando ni siquiera sabemos nombrar nuestra meta. Sentimos como un deber tener una "vocación", saber qué queremos "hacer en la vida". Es la pregunta infecciosa que extiende la insatisfacción por el mundo. Al hacerla, llamamos "vocación" a una etiqueta a la que encadenarnos. Sin saberlo buscamos un molde, una jaula para vivir, cuando la incertidumbre es el estado natural e inevitable de las cosas, la belleza siempre nueva del mundo.

Crees no saber qué quieres hacer en la vida porque lo piensas como meta, y no como camino. Siendo el inconsciente "realmente" quien nos guía, nunca sabremos qué queríamos hacer en la vida hasta que no lo hayamos hecho. Sólo mediante un análisis a posteriori, inerte. Porque no importa qué queríamos hacer, sino ir haciendo lo que deseamos de instante en instante. El camino es el que nos guía de forma misteriosa. Tu consciencia no puede elegirlo. Sólo puede irlo des-cubriendo. Crees no saber qué quieres hacer en la vida, y lo sabes. Todos sabemos lo que nos apetece y lo que no nos apetece a cada momento. Sin deberes y obligaciones que nos autoimpongamos, lo sabemos. Y aquello que nos apetece ahora es lo que la vida quiere que hagamos. El deseo es la señal del universo, su instrumento para guiarnos hacia nosotros mismos. Si deseamos varias cosas a la vez y no sabemos decidirnos, podemos echarlo a suertes o fusionar en una varias o todas esas cosas, o hacer varias a la vez si nos satisfacen por separado. Lo que importa es no hacer nunca nada que no deseemos. Si sentimos necesitar pararnos, o bloquearnos, para dilucidar mejor nuestro deseo, ese es el deseo del instante: pararse. El tiempo no se puede perder, porque no se puede perder una ilusión. Ahora quiero escribiros esta carta. Ahora esa es mi única vocación. No ser "escritor". Eso no significa nada. Pero sé que quiero escribir esto. ¿Qué deseas hacer tú ahora mismo? Si no es leerme, deja de hacerlo de inmediato y haz algo que te apetezca. Si quieres leerme, esta es tu vocación ahora mismo. A esto estás llamado, ¿no lo ves? A lo único que puedes dedicar tu vida con alegría es a realizar tu deseo, a desarrollarlo como quien tira de un hilo poco a poco sin saber a dónde te conduce. No hay metas ni vocación más que el ahora continuo. Últimamente me han preguntado mucho cómo descubrir qué hacer en la vida. La respuesta es sencilla y profunda a la vez: Haciéndolo. Si te gusta hacer algo, hazlo. Esperar a saber qué es lo que "más te gusta hacer" es una excusa para no hacer algo de lo que te gusta hacer, o para seguir haciendo, aterrad@, lo que no te gusta hacer.

Una lectora de corazón lúcido me ha escrito una bella carta hace poco. Me cuenta cómo, justo cuando ha decidido pararse un tiempo para descubrir qué hacer con su vida, su madre ha caído muy enferma. Entonces su prioridad ha cambiado, y ha decidido ir a cuidarla, a acunarla y abrazarla como su madre hacía con ella de pequeña.  Pero, aunque tiene claro que esto es lo que más desea ahora mismo, no quiere renunciar a su búsqueda, y me pregunta, entiendo, cómo  compaginar ambas cosas: la entrega al otro, y la entrega a sí misma.  Sin embargo ambas entregas son la misma: Al entregarse a ese deseo de cuidar a su madre se entrega, sin saberlo, profundamente a ella misma. No hay separación. No hay dilema. Esa es su verdadera vocación ahora, recién encontrada: cuidar de su madre. Cuidar de su origen, ir hacia su origen, hacia sus raíces. Si se entrega totalmente a ello, a esa oportunidad, se dará de bruces con lo que busca desde entonces, desde su nacimiento, y que en el fondo siempre ha ido con ella. Lo que no se puede alcanzar. Lo único a lo que cualquier persona se puede dedicar verdaderamente, haga lo que haga en su vida. Lo que ES.

En cada cosa que desees hacer está implícita tu verdadera vocación.  La vocación es aquello a lo que estás llamado, y el deseo es el instrumento sagrado y amoral que el universo utiliza para llamarte.  No hay una actividad que debas encontrar. Tu vocación está más allá de cualquier actividad que puedas hacer. Es la historia que vas descubriendo, hagas lo que hagas, pienses lo que pienses, sientas lo que sientas, desees lo que desees, tengas lo que tengas. Tu vocación es seguir esa voz interior, aunque no sepas dónde te lleva, aunque parezcas dar bandazos o estar inmóvil a ojos de los que juzgan, o a tus propios ojos, que se juzgan. Nadie sabe a dónde se dirige. Algunos creen saberlo, pero nadie lo sabe. No se llega a ninguna parte, salvo a donde siempre has estado. Si crees tener una meta es porque esa meta ya está en ti y nadie te enseñó a saberlo. Alcanzar algo es des-cubrirlo para siempre en ti. Los maestros zen del tiro con arco saben que, una vez el arquero se convierte en el blanco, la flecha no alcanza el blanco, sino que ya está en él. No hay recorrido. No hay dificultad, ni obstáculos, ni proceso. La flecha y el blanco son una. No hay logro ni acierto. Sólo consciencia.

La meta ya está alcanzada desde que naciste, precisamente porque naciste. La vocación es un misterio que te guía más allá de cualquier opinión sobre tu vida, y de cualquier voluntad. Así que olvídate de esos conceptos absurdos, y simplemente haz lo que importa. Haz lo que deseas. Ahora.




16 conjuros:

Anónimo dijo...

Gracias David, mil veces gracias por compartir esto. Acabas de recordarme la suerte que tuve descubriendo -no hace tanto tiempo- cuánta felicidad se halla precisamente en el camino, llegando uno a olvidar o a anular prácticamente la meta... porque ya no importa, porque, como tú dices, uno va transformándose según camina, y a cada paso van surgiendo cosas nuevas, nuevas perspectivas, nuevos hallazgos. Y ser consciente de cada paso y aprender a saborearlo es el verdadero secreto :-)
Un abrazo inmenso

ivan dijo...

En mi caso el no ponerme metas me resulta un problema, porque me quedo extasiado en el deseo inmediato, sin ser capaz de ver el enorme placer que me produce el invertir mi tiempo y esfuerzo en una meta ambiciosa. Esa meta ambiciosa me exige un "acto de fe" en el que pongo todo mi empeño en conseguirlo aunque haya momentos en los que no me apetezca trabajar en ello. La cuestión para mi entonces es no caer en la trampa de las expectativas, es decir, no vivir con la esperanza de un futuro que viene con una recompensa del exterior. El premio está en mi, en el camino. El resultado final de mi esfuerzo, que sin duda será diferente del que había imaginado en un principio, es la recompensa, pero sin haberme impuesto esa meta al principio no creo que lo hubiera conseguido. Necesito metas para andar en una dirección concreta.

Abrazoteeess!!

igt dijo...

Más que una meta yo siempre he añorado un propósito, una vocación. Esta reflexión tuya ha destapado algo, en el sentido más literal de la palabra, como cuando me quitaron los tapones de los oidos... de repente sentí la brisa fresca, la oí en el interior de mi cabeza.. pues bien, me ha ocurrido lo mismo después de leer este escrito. Algo en mí ha quedado libre de no sé que tipo de contaminación o residuo tóxico.. me he sentido ya realizada! haciendo lo que hago en este momento. He incorporado la búsqueda como algo que me gusta hacer, simplemente, sin agobio porque pasa el tiempo, disfrutando de ese proceso que me lleva cada día a no sé donde, ni me importa... con la ilusión de ver qué hay hoy de nuevo.. y si lo hay, será bienvenido.. y, si no, soy tan feliz!

Te doy las GRACIAS y espero que te llegue como un eco constante..

Te quiero como no se puede expresar, pero tú ya lo sabes

tanci dijo...

Hola David. Gustándome como me ha gustado tu escrito. Entendiéndolo como lo he entendido. Cautivándome la forma en que lo has desgranado, no puedo dejar de apreciarlo. Sin embargo creo que para esta sociedad en la que estamos todos metidos hasta las orejas, no está creado. O bien lo creas tú para crear la consciencia de otra sociedad...pero lo veo tan, tan difícil. Que conste que me identifico con tus palabras, pero¿ y si nos dejáramos llevar por las apetencias pura y exclusivamente sin una línea de trabajo, al menos para lograr "nuestros garbanzos"?. Estoy seguro que no me tarerían la comida a mi casa... Te mando un afectuoso saludo.

Anónimo dijo...

Hola David, Gracias por pararte a pensarme, porque tu vocación haya sido escribirnos a los que todavía tenemos dentro mucho de los arquetipos impuestos y mucho de los lastres familiares que se han impregnado, como lo hacen los jazmines en el aire, tan profundamente en nuestras almas. Gracias por ayudarnos a abrir la puerta de la jaula y en mi caso, a descubrir que la incertidumbre es un estado natural e inevitable, que es belleza.
El deseo, al que hemos sido injustamente mutilados es algo que lucha muchas veces por salir y sin querer reprimo, al igual que hago con el inconsciente, aun a sabiendas, de que es él el que realmente nos guía...


Tenía muchas ganas de leerte David. Gracias por Estar, felicidades por Ser... cuidare de mi madre, de mis raíces y de mi hasta darme de bruces con lo que buscaba desde mi nacimiento...y sobre todo, haré lo que deseo, en cada momento, sin metas, sin vocación....y sabes una cosa? sin darme cuenta, lo estoy haciendo, deseaba poder pararme, apearme por un tiempo del circulo en el que voluntariamente estaba inmersa y pensar, correr, bailar, gritar, escribir, besar, tocar, sentir, dormir, descansar, dibujar, escribir, llorar, reír, acariciar, querer querer, poder querer, mirarme, mirarte, oler, volar, la ingravidez…Ser.

Gracias infintas, te buscare siempre...es lo que deseo.

Ave.

David Testal dijo...

Primer anónimo...
Gracias por tu comentario, y enhorabuena por haber conquistado el presente.
Otro abrazo inmenso.

David Testal dijo...

igt... tu felicidad está en cada célula de mi cuerpo. :)
Gracias siempre por leerme con tanta generosidad y luz, porque eso que das a mi escrito te lo das a ti misma.
Te quiero infinito.

David Testal dijo...

tanci... gracias por tu comentario.
La "sociedad" no existe. A cierto nivel es cómo tú la ves, y a otro nivel es lo que tú haces de ella. Es una suma de individualidades que se afectan mutuamente, y a la vez forman parte de la misma red. Si tú cambias, la "sociedad" cambia.
Los garbanzos mejor que vengan de hacer algo que uno goza haciendo, ¿no crees? Porque, por otra parte, siempre harás mejor aquello que gozas haciendo de instante en instante.
Un abrazo.

David Testal dijo...

Ivan, gracias por aportar ese punto de vista necesario.
De todas formas, no puedes quedarte extasiado en el deseo momentáneo. Si te quedas extasiado no estás presente en el momento siguiente, por lo tanto sólo sería momentáneo un momento congelado, y ya no tendría nada que ver con lo que hablo, pues no pasarías al momento siguiente con el mismo gozo. No pasarías directamente. Y psicológicamente hablando, claro.
Yo hablo de fluir con cada instante, sabiendo que no sabes dónde te diriges, que las metas son ilusorias, y que no morirás sin haber vivido. No de quedarse en un instante, que es quedarse en el pasado, igual que quedarse en la meta es quedarse en el futuro. Quedarse en ninguna parte ambas cosas.
Si sientes que necesitas metas, utilízalas como técnica, pero no sacrifiques nunca el presente, porque esa "meta" también dependerá de la calidad de este presente.
Un abrazo.

David Testal dijo...

Ave... Gracias infinitas a ti por tu pregunta, que inspiró a través de mí este texto, y que ayudó a más personas. Lo hemos hecho entre los dos.

Y gracias por tus generosas palabras.

Me parece que escribes bello. Espero que no dejes de hacerlo. Es una forma maravillosa de viajar por uno mismo, y de dar a los demás ese viaje.

Enhorabuena por SER, y por saber ver la belleza de la incertidumbre. Tu madre tiene mucha suerte, si es que eso existe. :)

Un abrazo inmensa a las dos.

Macarena dijo...

"Haciéndolo", eso eso, y ¿qué haces en la vida?, que és una pregunta que he oído una y mil veces. Pues eso: "hago la vida", que mejor forma de vivir, ¿no?
Muá

Anónimo dijo...

Gracias David. Llevo inquieta algún tiempo, por todo este tema de la "vocación"...como piezas de un tetris que por m´s que lo intento no consigo encajar.. y que al final no consigue si no crearme ansiedad y mal estar...Hacía tiempo que no entraba a leer tu blog y hoy por impulso he acabado aquí, leyendo este texto maravilloso. Justo lo que necesitaba, un recordatorio "sano" en medio de toda esta vorágine del tener que ser o hacer algo. Gracias! Un abrazo!
Patricia

Max Estrella dijo...

Muchas gracias, una vez más. Siempre que flaqueo en mi búsqueda, leer un texto tuyo, me devuelve al camino. Gracias, muchas gracias.

Kepler dijo...

Gracias por esta reflexión. Encaja totalmente con mi modo de ver esta "sociedad". Vivir en ella pensando de este modo es vivir en un lugar y tiempo que parece no corresponderte. Cada día que pasa lo veo más y más. La mayoría de las cosas de esta sociedad son necesidades creadas, que en realidad no existen. Todo parece diseñado para no salirnos de esta prisión de pensamiento. Veo que el dinero es el principal problema y que para crear la sociedad que descrives haría falta un sustituto de este. Vivir aquí y ahora yendo a contracorriente con la sociedad y a "corriente" con nosotros mismos parece algo inevitable para toda persona consciente. Es muy duro pero creo que estamos donde tenemos que estar si la intuición así nos lo dice.

Pilar Bautista dijo...

Hola David, a pesar de que el tema cuantico me ha interesado desde hace mucho tiempo no había tenido la oportunidad de leer algo de lo que escribes y en esta ocasión feliz mente encontré este sitio que desde hoy será uno de mis favoritos ya que aunque no estoy de acuerdo con todo lo que escribes me parece de gran interes, y como muchos otros te agradecen me incluyo en los agradecimientos ya que poder leer algo que nos haga reflexionar sobre temas importantes es siempre motivo de congratulación.

Anónimo dijo...

Alberto Q.
http://traslaspuertas.wordpress.com

Increíble post, David. Me has emocionado de verdad. Los humanos estamos perdidos y no aprovechamos ni vivimos REALMENTE el presente. Lo dejamos ir... y es un error.

Mi vocación es querer encontrar una vocación que me satisfaga 100%siempre. Olvidar las decepciones. Ir hacia delante.

Escribirte aquí me ha liberado bastante. GRACIAS!!!