No seas culto (Acumulación de bienes inmateriales 2)



Se suele llamar "cultura" a una carga de basura acumulada en el cerebro con el paso de los años, datos coleccionados y exhibidos como medallas que pretenden simbolizar un tesoro lentamente labrado y, por ello, digno de admiración. Sirve entonces para poder alardear en absurdas reuniones, o para seducir a personas neuróticas dominadas por su intelecto y por su necesidad de admirar la cantidad de cosas que "sabe" mamá o papá.

La creatividad, tal y como la entiendo, sería todo lo contrario, ya que emana de un estado lo más inocente posible, sin la ilusión del conocimiento de por medio. Solo sin prejuicios, sin normas preestablecidas, sin historia, se destapa la fuente de la que emerge todo lo aún no concebido. Solo desde ese niño salvaje que siempre nos acompaña, quitándole la mordaza, atreviéndonos a enfrentar nuestro infinito inconsciente, y a bañarnos desnudos en él.

Bastantes personas, al hablar con ellas de lo que me apasiona, me han dicho envidiar todo lo que conozco. Algunas me han pedido incluso que les hiciese una lista de nombres que amarrar, de experiencias que vivir, como si quisieran cuanto antes poder sentir toda ese peso en ellos, y tapar su ansiedad o su complejo llenándose de referencias. Sin embargo "yo" no siento poseer cultura alguna que traspasar. Si sé que ciertas cosas existen es solo porque no dejo de explorar aquello que me da placer, y en ese camino me las encuentro. Ese viaje, inevitablemente, va dejando datos en mi cerebro. Pero esos datos no eran mi objetivo, ni pretendo retenerlos. Así la cultura siempre fue para mí una consecuencia involuntaria, nada más, una especie de daño colateral a veces, y por supuesto nunca un trofeo ni un fin. 

A esas personas siempre les digo que se dediquen a hacer en la vida lo que les apasione. Como consecuencia del gozo y la atención que esto conlleva, se encontrarán un día con cierta cultura al respecto. Una cultura que entonces entenderán vacía en sí misma, un rastro quizás, como la baba de un caracol, sin nada que ver con aquello que les enriqueció y les enriquecerá siempre, con ese coraje de vivirse sin rodeos, sin posponerse. La riqueza se des-cubre al dar lo que somos, y la única manera de darlo es viviendo entregado a uno mismo. A quien simplemente quiera acumular datos, solo sé compadecerle. Si confía en esos datos como fuente de riqueza, está condenado a la idiotez más profunda, la que aún fomentan los colegios y universidades, con sus programas basados en fósiles imaginarios de historias pasadas.

La información recogida durante el viaje, si la tomamos como un valor en sí misma, puede ser una carga inconsciente que nos amodorre, haciéndonos creer que sabemos más que otros, el ruido que nos impida escucharnos. Al percibirla así, como innecesaria y peligrosa, caí en la trampa de considerarla un lastre, y elegí entonces jugar al olvido y a despreciarla. Intenté quitármela de encima, desenterrarme, recuperar mi mirada limpia y primera sobre el mundo. No había descubierto en mí la sabiduría necesaria para utilizar a mi favor todos esos datos, como una herramienta y sin creer en ellos.

La creatividad, sin embargo, también es la capacidad de convertir un supuesto obstáculo en un apoyo, en una escalera. Al comenzar a escribir, a no impedir que fuese dicho aquello que solo puede ser dicho a través de mí, esa supuesta cultura se me reveló un motivo divertido y sexi. Comprendí que si el "arte" no desvela el absurdo de la "cultura", la "cultura" asfixia el arte. El "arte" no tiene nada que ver con la "cultura", pero con "cultura" podemos hacer "arte", igual que se hace con pintura, con piedra, con papel, con ladrillos, con excrementos, con urinarios públicos...


Si Fueses Pájaro Lo Entenderías:
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