Si en ti hay vida, tienes acceso a los secretos de todos los tiempos,
pues la verdad del universo reside en todos y cada uno de los seres humanos.
(Morihei Ueshiba)







La revolución silenciosa






Hoy hay convocada una huelga general en este trozo de planeta limitado y etiquetado, donde habita este cuerpo. He estado hablando con mucha gente sobre ello, he leído declaraciones de aquí y de allí, y me siento con la responsabilidad de escribir. Para empezar diré que no me gustan las huelgas como instrumento de cambio, por más que sus amantes se afanen en encumbrarlas como el único y definitivo. No me gusta quejarme. No es así como actúo en mi vida cuando deseo algo o quiero cambiar algo. No digo que no sea efectiva en ocasiones, dependiendo de lo que cada uno entienda por "efectivo". Algunos bebés tratados con poca empatía son muy "efectivos" en sus peticiones: lloran cuando quieren algo que no tienen, patalean, gritan, chantajean, crean una atmósfera lo más incómoda posible, hasta que los papás o los abuelos les dan lo que piden y se callan satisfechos. Mi madre me trató con mucha empatía y creo que nunca fui uno de esos niños, pero aunque lo hubiese sido esperaría haber aprendido algo desde entonces, haber desarrollado mi inteligencia y mi paciencia, haber aprendido a dialogar de forma útil, por ejemplo, o tener otros recursos. Porque las cosas que se consiguen mediante la presión son superficiales. La presión hace ceder por miedo, por interés, por comodidad, por ahorrarse el presionado más problemas, pero no por convencimiento. Quien te da algo que deseas por la presión que tú ejerces no te lo da convencido, ni creyendo que hace justicia, te lo da a disgusto y guardando un rencor secreto. Te lo da para que le dejes en paz, si es que te lo da y no decide continuar la guerra. Y esos cambios son delicados, no son firmes ni duraderos, y penden siempre de un hilo. Así ha sucedido a lo largo de la historia: Se producen cambios superficiales muy aparatosos, pero no hay un cambio de consciencia profundo, por lo que el conflicto siempre permanece latente. El ser humano se empeña en cambiar -muchas veces a la fuerza- el color de las cortinas, alardeando de ello, de todo lo que se juega cada vez que lo hace, como si eso, cambiar el color de las cortinas, fuese a cambiar algo esencial en nosotros.

Para mí la única revolución pendiente es la revolución de la consciencia, la mutación del ser humano que sólo puede empezar por uno mismo. El famoso precepto de Gandhi siempre me ha guiado: "Conviértete en el cambio que quieres ver en el mundo". Hace poco escuché un cuento en el que un discípulo acudía a un maestro desesperado, quejándose por lo mal que iba el mundo, por lo impotente que se sentía. Había estado en grupos de todo tipo, había participado en manifestaciones, había apoyado con su dinero y su tiempo todo tipo de causas que consideraba justas, pero sentía que todo ello se diluía como una gota en un océano que apenas se inmutaba. No sabía qué hacer para ser más efectivo, para tener la sensación de que contribuía a algún cambio significativo. El maestro le sosegó y le dijo: "Mira, si el mundo va mal es porque tu país va mal. Si tu país va mal es porque tu familia va mal. Si tu familia va mal es porque tú vas mal. Si quieres que el mundo cambie deja de intentar cambiarlo y cambia tú". Sé que cuando haya una masa crítica de personas que han decidido ocuparse de ese cambio el mundo cambiará de forma radical por contagio, sin necesidad de conflictos, y eso será antes de lo que imaginamos. Yo me siento comprometido con ese cambio, con la mutación del alma del mundo. De raíz. Si algo me parece injusto no protesto, simplemente no participo de ello, suponga lo que me suponga, piensen los demás lo que piensen, y siempre a pesar del miedo. Confío en mi capacidad y no quiero que me salven ni que me sostengan, y no creo que se me deba nada. Como los samurais asumo, respeto, y agradezco los contratos que libremente he firmado, y si alguien no me cree necesario me aparto. Cuando uno siente la unidad que todos conformamos ya no necesita agruparse para aunar fuerzas. Las fuerzas ya están unidas hagamos lo que hagamos, danzando desde el principio de los tiempos. Sólo hay una fuerza que nos lleva de forma misteriosa pero rotunda.

Respeto profundamente el derecho a huelga de aquellos que quieran ejercerla. Si no tuviesen aún ese derecho clamaría al cielo para que lo tuviesen, independientemente de lo que a mi me parezca como método o de si "yo" lo fuese a ejercer o no. Pero no siento que se respete igualmente mi derecho, y el de muchos, a no hacer huelga. Y si he decidido escribir sobre ello en este cuaderno es porque creo que hay algo en todo esto que puede servirnos para aprender más acerca del respeto y de cómo se inician los conflictos de cualquier tipo, más allá de las ideas políticas de cada uno. No daré mi opinión acerca de los puntos concretos que los huelguistas esgrimen como razones, ya que eso es irrelevante para lo que quiero decir. Pero me gustaría utilizar esta huelga como metáfora: En estos días he declarado una y otra vez, a quien me lo ha preguntado, que no la secundaría. Y no han dejado de lloverme panfletos en los que se intentaba convencer, a quienes no deseamos hacerla, de que no existen "excusas" para ser un esquirol y, sin excepción, se lanzaban a intentar "desmontar" lo que a ellos les interesa presuponer que pensamos todos y cada uno de aquellos que no estamos de acuerdo. Se sigue un esquema -al menos en todos los escritos que han llegado a mis manos- de lenguaje manipulador muy utilizado por regímenes totalitarios y por fundamentalistas religiosos. Justamente el germen del mismo tipo de abuso contra el que se quería luchar cuando se crearon las organizaciones que ahora lo cometen, de forma inconsciente quiero creer, y que son precisamente las que convocan la huelga en nombre también de mucha gente que no la deseamos. Es decir: Nos utilizan para sus intereses. Lo he llamado el plan de tres puntos:

1. Si se protesta contra una ley, por ejemplo, en vez de facilitar esa ley sin intentar dirigir la opinión sobre ella, se facilita un resumen sesgado, y se explica una determinada interpretación de esa ley y una determinada previsión de sus consecuencias como si fuese una verdad incontrovertible y no simplemente un punto de vista sobre ello, limitado, como cualquier punto de vista humano.
2. Supongamos que tu interpretación coincide con la que ellos presentan. A continuación se expresa un juicio moral de esa interpretación también como si fuese una verdad absoluta. Es decir: "Está claro que esto es así, que provocará esto, y que esto que provocará además es negativo para todos". Así intentan que te sientas culpable si no luchas contra ello, cuando no un cabrón, o un cobarde egoísta, o un ignorante mal informado, alguien en la sombra que necesita ser iluminado por ellos. Sin entender que algunas de las razones por las que convocan una huelga, para otras personas, trabajadores también, pueden ser precisamente razones para no hacerla, que lo que uno percibe como "malo", puede ser percibido como "bueno" por otra persona que, curiosamente, incluso tenga los mismos intereses que las personas que la convocaron.
3. Supongamos que además de hacer la misma interpretación, también haces el mismo juicio moral y piensas que las consecuencias previstas son negativas. A continuación lo rematan presentando la huelga como el único instrumento frente a ello. Además se subraya el esfuerzo que costó lograr tener ese derecho, apelando así de nuevo a la culpabilidad, como si eso lo convirtiera no sólo en único recurso sino en ineludible para todo aquel que se considere honesto. Al llegar aquí, por arte de magia negra, han logrado convertir un derecho en una obligación. Sin reparar tampoco en que para otros ese medio puede ser contraproducente en un momento determinado justamente para lograr lo que ellos dicen querer lograr.

Y no sólo se detienen en este plan. Sino que para adelantarse y justificar cualquier posible fracaso aclaran de antemano que mucha gente no hará la huelga por miedo a perder sus puestos de trabajo, o por cualquier otro tipo de presión económica por parte del empresario, sin ser conscientes al parecer de que la esencia del piquete es conseguir lo que ellos mismos denuncian: presionar al trabajador que ha decidido no secundar la huelga, disuadirle, muchas veces con insultos o amenazas, cuando no a la fuerza. ¿Cómo luchar contra una manera de hacer las cosas utilizando esa misma manera? La violencia nunca desarmará a la violencia. Si hubiese verdadero respeto por todas los puntos de vista los piquetes no existirían. Quien quisiera hacer huelga la haría, de forma silenciosa y pacífica. Los gritos no cambian nada. Nunca.

Ahora recuerdo otro cuento de la tradición zen que Alejandro Jodorowsky siempre suele contar: Una montaña proyecta sobre un pueblo una sombra continua, y la falta de sol hace que la gente enferme y los niños nazcan raquíticos. Un día, el más anciano del pueblo, coge una cucharita y se dirige hacia la montaña. Al verle alguien le pregunta a dónde se dirige. Y el anciano contesta: "¡A mover la montaña!". "¡Es imposible!", le dicen todos. "Nunca lograrás mover una montaña con eso". Y el anciano contesta: "Lo sé. Pero alguien tiene que empezar".

Este cuento ilustra para mí el profundo respeto unido a la profunda responsabilidad. El anciano sabe que para cambiar algo debe antes cambiar él mismo. Se convierte así en un ejemplo, mostrando un posible camino, pero no intenta convencer a nadie ni agruparse con nadie, ni presupone que su manera de hacerlo es la mejor manera de hacerlo. Es su idea personal y actúa. No se queja tampoco. Es consciente de su responsabilidad y se lanza a ejercerla. Humildemente se dirige a la montaña sin juzgar a los que le miran incrédulos.

Me declaro así esquirol cósmico y oveja negra universal. Pero no promoveré ningún piquete para disuadir a nadie de que no haga huelga y siga el camino de la meditación y el autoconocimiento.

En última instancia, pague quien me pague, no siento que trabaje para nadie, ni que trabaje por dinero, ni que "trabaje" siquiera según el sentido etimológico de la palabra (parte de un aparato de tortura), sino que trabajo para los que quiero, para el mundo entero, para el futuro de la humanidad. Amo cada cosa que hago, aunque pueda parecer nimia y banal, y no pienso dejar de hacerla ni un sólo día pese a quien pese. Como afirmó el Dalai Lama cuando fue expulsado del Tibet y le recriminaban no hacer nada porque no respondía a los ataques: "El camino de la no violencia es muy largo". Para mí no es largo, es instantáneo. Pero sea como sea es el camino que elijo.



 

9 conjuros:

Max Estrella dijo...

Totalmente de acuerdo. Lo que más me duele es ver en lo que se han convertido los diferentes "actores sociales" que agrupan a las diferentes masas, y que desde su óptica limitada no son capaces de ver lo que proponen los otros. Me duele leer, como dices, el lenguaje que nos evoca la lucha de clases, en vez de un lenguaje de colaboración y de sinergia. Pero lo que más me duele es la falta de libertad individual que promueven los unos y los otros con coacciones y violencias.

igt dijo...

Estoy absolutamente de acuerdo con lo que has escrito. Además, sé que no son sólo palabras, es tu forma de mirar, de vivir, de ser. Yo más que nadie lo sé.

Esta mañana he visto en palabras muchas de las cosas que yo he sentido en estas situaciones y tal vez no he sabido expresarlas, ni siquiera para mí misma.

Me uno a ti en el camino de la no violencia, ni de pensamiento ni de obra. Creo profundamente, como tú, que el cambio sólo es posible en uno mismo. Si algo no me gusta y creo que debe ser cambiado, sé que debo empezar por mirar qué hay en mí que tengo que cambiar primero..

Para mí leer este blog es un regalo. GRACIAS por el regalo de hoy.

t.q.

Claudia Hernández dijo...

Creo en la huelga como un instrumento de protesta social, gracias a la lucha de muchas personas, hoy en día nos parecen normales: no trabajar los fines de semana, tener beneficios sociales, tener un sueldo más o menos justo y un largo etcétera. No tiene por que ser agresiva, sino más bien demostrar que no se está conforme con una medidas feroces para los ciudadanos de a pie.

David Testal dijo...

Claudia... agradezco mucho tu comentario y que te hayas tomado el tiempo de leerme.
Respeto tu creencia como respeto todo tipo de creencias. Dices creer en la huelga como instrumento de protesta, y lo entiendo, lo que sucede es que yo no creo en la protesta como instrumento, como argumento en mi entrada.
Dices que gracias a la lucha de algunas personas tenemos unas condiciones determinadas de trabajo. Bueno, para empezar no creo que todo el mérito sea suyo, pero si así lo fuese pediría por favor que hablaran sólo en nombre de las personas que les permiten hablar en su nombre. Cuando alguien dice que lucha por mejoras, que yo no considero mejoras, y que además lo hace en nombre de los "trabajadores", cuando yo también soy trabajador y no estoy de acuerdo, entonces estoy siendo víctima de una injusticia porque se me está utilizando, a mí y todos los trabajadores que no están de acuerdo con ellos, cuando encima están subvencionados por el estado, es decir: los estoy pagando yo. Me están obligando a pagar algo con lo que no estoy de acuerdo, y que encima pienso que me está perjudicando.
Entiendo que ya no estamos en el siglo XIX y que si un salario no te parece justo no tienes por qué aceptarlo. Los contratos se firman libremente. Si nadie aceptara una oferta de trabajo determinada el empresario que hace esa oferta tendría que cerrar. Esa sería la verdadera protesta a mi entender. Lo único que funcionaría. Pero si yo acepto un contrato libremente nadie es quién para decirme que ese contrato no es justo. Y si alguien acepta algo que le parece injusto por dinero o por seguridad, pues allá él. Eso se llama prostitución. Y también tiene todo el derecho a hacerlo, en todo caso.
No tendría por qué ser agresiva, claro, Claudia. Pero hasta el día de hoy lo es. Ayer se escucharon bastantes insultos, amenazas, y maldiciones contra los que ejercían su derecho a trabajar.
Si se hiciera con humildad y pacíficamente... ay, Claudia, ¡qué maravilla que cada cual hiciese lo que cree justo sin agredir a los demás, y permitiendo a los demás hacer también lo que creen justo! Pero presuponer que se tiene la verdad absoluta, intentar manipular de la forma que explico, y faltar al respeto a quienes no piensan como tú... eso es el germen del odio. Yo no pienso participar nunca de eso. Y por supuesto pido por favor que no hablen en mi nombre. Con lo que tú no estás de acuerdo yo puedo estar de acuerdo. Y ambos tenemos la libertad de explicarlo. Pero si tú tienes el poder y los medios para decir que piensas en representación mía cuando no te he dado ese permiso, y lo haces... pon adjetivo a ese tipo de persona. Ese tipo de persona no me representa.
Un fuerte abrazo.

David Testal dijo...

Max...
me alegra que estés de acuerdo.
cuida de tus alumnos. muéstrales cómo colaborar sin competir, cómo debatir sin luchar, cómo ser fiel a uno mismo sin dañar a los demás, cómo no caer en el delirio de creer que el mundo es como uno lo ve, cómo lograr sin mentir, cómo utilizar el poder para sanar y no para utilizar a los demás.
un abrazo siempre.

David Testal dijo...

igt...
un regalo para mí ser leído por ti siempre.
te quiero más de lo que se puede expresar.

Anónimo dijo...

"Si uno está iluminado de verdad, es muy raro que las personas que entran en contacto contigo no se iluminen. Aunque sea un poco. Por el mero contacto."
¡Palabras sabias David! Gracias compartir por tu luz.
Estoy de acuerdo contigo, no es protestando ni quejándonos la manera de lograr cambios de fondo. El ejemplo en cambio obra milagros.

Ingrid

Mónica dijo...

Hola David. He vibrado totalmente en consonancia con tu escrito. Leerte me nutre y me alimenta y siento una profunda resonancia al leer cada palabra.Tus escritos son un regalo para mí,son una destilación sensible, inteligente, metabolizada y autentica de un tema a través de tu energía limpia, que brilla y da luz. Escribo esta vez, mi primera, pese a que he leido tantos otros escritos para decirte que llega a mí clarísima la idea de que edites un libro con todos tus artículos, lo veo nítido. No es fácil encontrar algo así, de hecho creo que tu voz es única aunque heredera de la influencia de grandes maestros y de artistas que despiertan tu interés. Creo que haces honor al título del blog y que lo que haces es alquimia. Tu trabajo merece ser publicado y leído a mayor escala. Un abrazo y gracias por expresarte con tanta libertad y honestidad.

David Testal dijo...

Anónimo... gracias por tus palabras. En mí ves la luz que eres.

Mónica... gracias también por todo lo que dices, y por leerme con tanto amor. Mi ego está pletórico, :) Me haría mucha ilusión poder editar los escritos, en varios volúmenes, porque creo que el manual de alquimia será algo que estaré escribiendo toda mi vida. :) Pero si lo hago quiero cuidar mucho cómo y con quién lo edito. Ya veremos. :)
Un abrazo inmenso.