Manual de lectura alquímica

La desesperación de Ciorán






















Nada de todo cuanto has leído y leerás en este blog está en lo que "yo" he escritó o escribiré. Al parecer las palabras son sólo un ínfimo porcentaje de la comunicación, dicen. Es decir: Nada. Puesto que la comunicación, en sí misma, es simplemente una bella y útil ilusión. Sé que bailo contigo en la oscuridad. Cuento con ello. Mis frases están tejidas como alfombras mágicas que podrás utilizar o no. Esa es tu decisión. Sé lo que hago. Las construyo minuciosamente como un orfebre. Las compongo como las brujas hacen con sus extraños ungüentos. Son frases que pueden des-cubrir infinitas posibilidades en ti. Porque tú eres ya todas esas posibilidades. Pero el secreto no está en lo que digo, sea lo que sea para cada uno. El secreto está en eso que lees gracias a que yo escribí otra cosa. Sé lo que hago cuando escribo. Lo sé. Pero no sé lo que digo, ni me importa. Eso es responsabilidad tuya. Sólo me interesa aquello que es imposible de controlar. Mi única intención es provocar, aunque sea en una sóla persona, un colapso, un silencio. Si al leer, de repente, sientes un silencio, eso abrirá una puerta decisiva en ti para siempre. Eso bastará para que halles la respuesta que, sin saberlo, entraste buscando. Escribo para crear silencio. La paz es ese silencio. Esa libertad.

Mucha gente que escribe o quiere hacerlo suele preocuparse por expresar exactamente lo que quiere decir. Quisieran ser entendidos. Y esa es una de las principales causas de bloqueo. "Yo" siempre les animo a renunciar a ello. Primero porque así escribirán. Sin escritura no hay reacción. Escribirán, y luego podrán aprender de cómo los demás reciben lo escrito. Segundo porque, sin miedo a lo que "el otro" vaya a entender, seguramente serán más efectivos en la creación de emociones, aunque no puedan controlar qué emociones creará cada uno para sí mismo al leerle. Y tercero porque es imposible hacerse entender, y preocuparse por un imposible es absurdo. Como decía el maestro: "El secreto de mi serenidad es colaborar con lo inevitable". Al leer las palabras de "otro" tu alma se proyecta en ellas, adquiriendo formas que quizás no hubiese adquirido sin esas palabras, y te hace así mirarte desde un punto de vista nuevo y revelador. Como sucede con todo lo que llamamos "realidad"... ahí está ese misterioso e infinito espejo. "Yo", para ti, soy "tú". Me abandono. Me entrego.

Para mí los libros siempre fueron espejos. Siempre me sorprendió que la gente se empeñara en entender lo que el autor "había querido decir". Lo que me importa, lo único que puede serme útil, es lo que ese libro dice de mí, me guste o no el libro, me guste o no lo que dice de mí. Porque soy "yo" quien lo está leyendo. Y al leerlo eres tú quien escribe ese libro. Ese libro nace del contacto de tu consciencia con esas palabras en ese preciso instante. La lectura que hagas es tu obra de arte, más allá del libro. Si trasciendes la separación, el dualismo escritor-lector, entonces puedes convertir cualquier texto en un maestro, pienses lo que pienses del texto.

Muchas veces he recibido comentarios entusiastas que decían estar absolutamente de acuerdo con lo que había escrito, y al expresar sus motivos sentía que no habían entendido nada de cuanto yo había querido decir, o que incluso lo habían entendido aparentemente al revés. Cuando sucedía eso recordaba a Ciorán que, ante el inesperado éxito de uno de sus libros, al escuchar los halagos que suscitaba, declaró que su éxito se debía a un malentendido. Su libro había triunfado porque en general había sido entendido "al revés". ¿Es un éxito o un fracaso entonces? Ambos términos me parecen ahora vacíos. Si el libro resultó útil para algunas personas, entendiesen lo que entendiesen, o lo que Ciorán entendiese que entendían... ¿qué diablos importa lo que él creía que quería decir al escribirlo? Para mí el arte es respiración. Yo respiro a mi manera. Si no moriría. Te doy lo que sé dar, lo que soy. Y no me incumbe cómo respires tú, cómo lo recibas tú, cómo re-escribas en tu mente lo que "yo" escribí. Cada cual debe encontrar su forma de vivir un libro, la vida.

También me han hecho comentarios en tono de desacuerdo, vehementes en ocasiones y, sin embargo, al leerlos sentía como si contestaran a algo que "yo" nunca dije, como si utilizaran mis palabras, a través de su ego, sólo como una excusa para soltar su propio monólogo, para volver a escribir lo mismo pero a su manera. Sentía que no estaban en desacuerdo conmigo, que decían exactamente lo mismo que "yo" había dicho, y que ese supuesto "desacuerdo" lo utilizaban para expresarse. Entonces dejó de molestarme. Entendí que también esa podía ser una de las funciones de la escritura: Animar, impulsar a los demás a expresar a su manera lo que sienten. "La verdad es lo que da resultado". Qué más da si lo que escribes sirve para que alguien se reafirme en lo que piensa, y así se sienta acompañado y menos sólo y más fuerte, o para que des-cubra lo que siente y así se ilumine a sí mismo, o para que por oposición le entren ganas de expresarse. Todo es también lo que parece a ojos de cualquiera. Las palabras no son sólo palabras. Depende de lo que tu mago interior decida hacer con ellas, en lo que decida transformarlas. Como todo.

Quizás algunas personas piensen que contradigo con esto algunas cosas que he escrito antes, o que incluso niego todo cuanto he escrito, o el sentido mismo de hacerlo. Bien. Si es así te invito a que vayas más allá de lo que has leído en un primer momento, más allá de la forma en la que habitualmente funciona tu intelecto. Hay muchos niveles de significado. En todo. Tantos como puedas imaginar, como te atrevas o te apetezca imaginar. Ten en cuenta que si no te interesara no hubieses llegado hasta aquí. Si no buscaras algo no estarías aquí, en esta frase. Y lo que estás buscando está en ti. Utiliza estas palabras para verlo. Mírate en ellas. No leas sólo con la cabeza. Lee con todo el cuerpo. Deja entrar el silencio. Desecha ese impulso de afirmar o negar lo que digo, de tomar una postura ante ello como si estuviese separado de ti, de decidir si estás de acuerdo o no con lo que crees leer, de darme o no la razón. La razón la perdí hace tiempo. Te la doy si quieres. Lo que estoy haciendo es cederte a ti la responsabilidad, el poder. Pero no creas que al dártela "yo" me la quito o me lavo las manos. Tengo tanta responsabilidad y poder como "tú" en todo esto. Lo único que sucede es que la mayor parte de lo que te doy no lo conozco. Sucede a través de mí, pero no lo decido ni lo controlo. Va en lo que digo, pero no es lo que digo. Este regalo es una creación mutua. Haz tu parte y crea tu pócima. Si quieres. Mira estas palabras como quien mira el mar, las nubes, como quien siente el viento. Palabras. Deja que te atraviesen y creen tu transparencia, tu paz.

Alguien me aconsejaba hace poco que no dijera "La verdad no existe", porque al hacerlo -me explicaba-, negaba aquello que "yo" mismo buscaba y amaba. Como si esa persona supiera qué busco y amo. Como si buscara algo en concreto. Como si hubiese algo que no amase. Sostengo esa frase que me parece bella, justa, y mágica. El significado que tú le des es tu propia creación. Pero antes de cerrar ese significado te invito a que vuelvas a leerla. Es una maravillosa paradoja. Es una frase que se anula a sí misma. Si la verdad no existe... esa frase no puede ser cierta, por lo que la verdad, entonces, existiría. Ahora diré lo mismo de otra manera: Todo es verdad. Todo es una manifestación de la verdad. Puedes elegir.

Y ahora me volveré a contradecir en apariencia: La comunicación no existe, y sin embargo todo es comunicación. Pero sin movimiento, sin dirección, sin recorrido. No hay emisor alguno. No hay receptor alguno. Todos formamos parte de una profunda y continua unidad. Lo que sucede en cualquier ser repercute en cualquier "otro". Porque no hay "uno" y "otro". No hay separación. Hay interdependencia. El universo aprende a través de estas asombrosas y distintas formas que llamamos personas. Y aunque creas aislarte, o ser autosuficiente, todo está en relación permanente, estableciendo un diálogo misterioso consigo mismo. Uno, desde su ilusoria persona, sólo puede dar lo que uno es en ese instante. Sólo puede recibir lo que uno es en ese instante. Esa es su función. Pero nadie te está diciendo nada. Todo está dicho ya en ti. Eres el universo aprendiendo de sí mismo. Entiéndelo como quieras.

Si quieres decir... dí. Si quieres escribir... escribe. No te preocupes por ser entendido. Porque no hay nadie a quien entender. No hay nada que entender. Participa de la danza. Canta. Juega. Aunque calles dirás.


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