La libertad de lo concreto






















Hay palabras que deberían considerarse una ordinariez en cualquier relación íntima. Ahora lo sé. Al menos hasta que esas palabras se puedan utilizar con alegría, sin miedo a ningún malentendido, porque los deseos de ambos sean exactamente los mismos. ¿Qué demonios significa "Te amo"? Alguien te dice "te amo". ¿Qué está diciendo? No lo sabes. Sólo puedes interpretar eso en base al significado que tú das a ese verbo. Y puede que te asustes al entender que en ese verbo van incluidos ciertos aspectos que a ti te parecen precipitados, o que ese verbo pretende poseerte, quitarte libertad, exigirte un compromiso, o puede que te llenes de alegría al creer que esa persona siente algo por ti más profundo de lo que en realidad siente, que siente lo mismo que tú. O puede que más o menos aciertes y tomes una decisión de acuerdo con lo que la otra persona te ha querido expresar. Pero nunca lo sabrás. La comunicación no existe, o no existe tal y como solemos creer que existe. Es una ilusión. No sabes nunca lo que el otro dice, y sin embargo solemos agarrarnos a las palabras como tontos, como si buscáramos la razón más que la felicidad, como si privilegiéramos el pensar sobre el sentir. "Yo no te amo", dicen. ¿Y qué demonios significa? No te ama según la carga que para esa persona lleva esa palabra. No te ama según lo que esa palabra implica para ella. ¿Pero qué te ha dicho? No lo sabes. "Te quiero mucho pero no te amo". La cosa se complica entonces. Existen grados. No sabemos qué nos hemos dicho. Y sin embargo tomamos decisiones en base a la ignorancia, y entonces tenemos la sensación de que algo se precipitó, de que algo iba demasiado rápido, de que algo se estropeó, de que algo no fluía.

Así empiezan también los conflictos en todas las partes del mundo. Las personas se centran en las ideas y no en el corazón, y no en los hechos, y no en lo concreto. La paz es amor. La guerra es desamor.

Lleguemos a un acuerdo. Tú me puedes estar diciendo que me quieres pero no me amas y sentir algo similar a lo que yo siento al decirte que te amo. Y sin embargo las palabras nos están separando. Pero podríamos olvidarnos de estas declaraciones vacías, y preguntarnos: ¿Qué queremos hacer juntos? ¿Nos gusta vernos? ¿Nos gusta saber el uno del otro? ¿Nos gusta besarnos, hacer el amor, compartir las cosas que nos gustan? ¿Nos gusta ayudarnos? ¿Nos gusta cuidarnos? ¿Queremos formar una pareja ahora? ¿Qué clase de pareja? ¿Acaso una familia? Y si es así... ¿qué tipo de familia? ¿Queremos proyectarnos juntos en un supuesto futuro? Bien... ¿En qué coincidimos? Quedémonos con aquello en lo que coincidimos. Puede que alguno de los dos quisiera cosas ahora que el otro ahora no quiere. ¿Pero por qué renunciar a lo que ambos queremos en este momento? No importa lo que hayamos entendido en las palabras. Siempre nos confunden, porque nos alejan de lo que ES, de lo que sentimos. Los sentimientos no tienen nombre. La verdad no tiene nombre. Sólo acontece. Al nombrarla creamos separación, porque aparecen las ideas. Como niños pequeñitos, contrariados, solemos decepcionarnos si la otra persona no quiere exactamente lo que nosotros creemos querer. Vemos la falta en nuestras expectativas en vez de aquello que compartimos.

"Si no queréis exactamente lo mismo... aléjate, porque vas a sufrir". "Si no queréis exactamente lo mismo... aléjate, porque vas a hacer sufrir". Son los consejos que se suelen dar. Y es que la gente suele estar centrada en ese ego pequeñito que sólo busca la satisfacción personal, y que considera al otro un objeto que debe darnos todo lo que queremos, justo cuando lo queremos. ¿Qué tiene que ver eso con el amor? Mi daño sería negar lo que siento por alguien, querer olvidarlo, sólo porque esa persona no quiera ciertas cosas conmigo, o porque yo no quiera ahora ciertas cosas en mi vida o con ella. Además... si la persona que te interesa no quiere hacer contigo alguna de las cosas que a ti te gustaría que hicierais juntos ahora, y por eso mismo te alejas... entonces no te interesa la persona, te interesa la cosa en sí misma. Y vuelvo a preguntar: ¿Qué tiene que ver eso con el amor? Como decía Bette Davis en Eva al desnudo: Detesto el sentimentalismo barato.

En cualquier conflicto sucede igual. Lleguemos a un acuerdo. ¿Qué queremos cada uno de los dos de esta relación, ya seamos dos persona o dos paises? ¿En qué coincidimos? Potenciemos lo que ambos queremos. Dejemos de lado las ideas abstractas. ¿Qué queremos? Aquello en lo que no coincidamos, dejémoslo de lado, para nunca o para más tarde. Todo se puede replantear. Quizás un día lo que queramos coincida completamente. Quizá un día lo que uno quería ya no lo quiere, y lo que no quería lo quiere. Nada es permanente. Quedémonos con aquello que nos une.

Entonces "Te amo" y "No te amo" dejan de tener sentido. Porque la relación, sea la que sea, es amorosa, en el más amplio significado que imagines. No hay dos egos pidiendo. Hay dos personas permitiendo que suceda lo que ES, al ritmo que la vida marque entre ambos. No hay meta. El camino es la meta. Porque sólo cuando hay meta, cuando uno piensa que debe llegar a un sitio determinado, es cuando aparecen las ideas y, por eso mismo, el conflicto, la separación ilusoria.