Respeto

Lord Shiva






















Siempre que alguien me dice, triste o indignado, refiriéndose a otra persona: "¡No entiendo nada!", le digo que sí lo entiende, que en el fondo de sí mismo lo entiende, y que si conscientemente aún no es así, seguro que con un pequeño esfuerzo es capaz de hacerlo, si quiere hacerlo, si de verdad le importa. Decir que no entiendes una actitud o una forma de actuar es una reacción altiva ante ello. Así uno se siente superior moralmente y, quizás sin darse cuenta, convierte aquello que dice no entender en algo que no merece la pena saber. Tal vez entenderlo le haría sufrir aún más, o tal vez le haría replantearse su propia visión del mundo, o se daría cuanta de que lo que dice no entender también forma parte de sí mismo. Porque decir enfadados que no entendemos algo es defenderemos ante ello, despreciar, considerar absurdo aquello que no se corresponde o no queremos que se corresponda con nosotros.

La fe es un requisito fundamental para que el milagro se produzca. Pero no sólo la fe da resultado. Como decían los antiguos alquimistas: Si no tienes fe, imítala. El entendimiento funciona igual. Si de verdad sientes no entenderlo, imita ese entendimiento, imagina cómo sería si lo entendieras.

Cuando escribí acerca del salto cuántico psicológico algunas personas reaccionaron incómodas según me han dicho. Sumidas en un proceso en el que confiaban, no querían pensar que estaban perdiendo el tiempo. Y es que muy a menudo cometemos el error de tomar la parte por el todo, creer que la exposición de una posibilidad desvaloriza las posibilidades ya conocidas. Cuando lo único que hace es enriquecer las respuestas y disolver prejuicios, creando nuevas formas de pensar lo que nos pasa. Alguien a quien amo me dijo: "A mí los procesos me funcionan". Y claro que funcionan. Llevan funcionando desde que el ser humano comenzó a contar historias. La toma repentina de consciencia, el salto cuántico, siempre está disponible. También puede suceder, lo decidamos o no, en cualquier parte del proceso. Y creía importante exponer cómo funciona y cómo provocarlo incluso.

Sin embargo, si amamos a alguien, no le empujaremos a seguir un determinado camino, ni le daremos consejos al respecto. Ambos son intentos de tomar el poder. Sólo podemos ayudar a esa persona a que encuentre su propia forma de resolver lo que sienta que debe resolver. Y si ya ha escogido la forma de hacerlo, sólo podemos respetar y favorecer ese camino. Por mucho que nos pese. Por poco que nos convenga. Si esa persona lo ha elegido entonces es lo "mejor" para ella. Suceda lo que suceda. Lleve a donde le lleve. Esa persona a la que amo, por ejemplo, honesta, valiente, se ha arriesgado a cuanto pueda suceder en su vida y en mi vida. Pero está siguiendo su voz interior, y eso me hace amarla aún más.


Hay determinadas cosas que me suelen preguntar muy a menudo:

¿Qué hago? Aprende a tomar tu propia decisión.

¿Qué es lo correcto? No existe lo "correcto". Existe lo auténtico, que siempre es "correcto". Lo que deseas profundamente. Sólo tú, manifestándote tal cuál eres en ese preciso instante. Escúchate y actúa.

¿Pero qué debo hacer? Deberías des-hacerte de una vez por todas de cualquier "debería". Uno sólo puede hacer lo justo cuando es fruto del deseo y no de ninguna norma autoimpuesta. Lo que piensen de ti quienes te miran no tiene nada que ver contigo. Son sólo ellos, pensando.

¿Cómo lo hago? Sea lo que sea lo que has decidido... empieza a hacerlo, y el empezar te irá des-cubriendo el cómo. O quizás sólo entiendas ese cómo cuando todo termine.


Por supuesto todas estas respuestas me las doy a mí mismo primero. Como decía Richard Bach: "Enseñas mejor lo que más necesitas aprender". Y recuerda siempre que eres libre en cualquier momento de cambiar de camino, de acelerar el proceso, o de dar un salto cuántico. Eres el autor de la historia, además del protagonista. Eres el amo y no el esclavo. Existe un sólo proceso ingobernable e inevitable. No sabemos donde vamos, pero vamos. Ese misterio... Todo lo demás está a tu disposición.

Y si eliges un proceso... disfruta de él. Y si otro lo elige ayúdale a que lo realice. Al respetar el proceso de quien amas puedes encontrar, como un regalo que esa persona te hiciese sin darse cuenta, un proceso propio que habías enterrado. Y aquí me veo. He elegido un proceso, vivir una historia que había escrito hace tiempo y que quiero terminar. Sé cómo acaba en parte, pero quiero que mi cerebro entienda que soy capaz de vivir esa aventura, que puedo. Siento con todo mi ser que necesito vivirla. Y no quiero que mi consciencia sea una excusa para no actuar. ¿Cómo no entenderte?