El arte de la paz

Fotograma de Pequeño Buda, de Bernardo Bertolucci













Todos los conflictos del mundo se basan en un error esencial que el ser humano suele cometer, un delirio muy extendido: Creer que el mundo es lo que uno cree que es. Pensar que la percepción personal del mundo puede ser objetiva de alguna manera. Si los seres humanos aprendieran a ser conscientes de este sencillo error... tengo la convicción de que viviríamos en paz.

Sin ser conscientes de la Unidad que todos conformamos, sin sentir que somos todo cuanto existe, solemos reducirnos a la personalidad que nos han ido endilgando poco a poco, y con la cual nos acabamos identificando y definiendo. Y al definirse uno a sí mismo, al creer que se conoce, se produce la separación en la mente. Aparecen entonces el "tú" y el "yo" como verdades, y se hace posible el enfrentamiento.

Creemos vivir una sola vida cuando estamos viviendo todas las vidas que existen, que existieron, y que existirán. Y en base a esa raquítica "experiencia personal" creamos modelos del mundo, prejuicios, y tratamos con el mundo a través de ellos. Así no sólo perpetuamos "nuestra" visión, reforzando esas conexiones neuronales con una inaudita fuerza de voluntad, sino que literalmente creamos el mundo en esa dirección.

Existen experimentos que demuestran cómo al tener una idea preconcebida de alguien, inconscientemente, construimos nuestra relación con esa persona para demostrar nuestra expectativa. Y acabamos provocando que esa persona se comporte con nosotros de forma que podamos tener "razón". Por ejemplo: En un colegio reunieron a un grupo de profesores y les anunciaron que iban a realizar tests de inteligencia a todos los alumnos. Después comunicaron los resultados sólo a los profesores: Tres de los alumnos eran superdotados, y se esperaba de ellos un rendimiento mucho mayor que el del resto. Después de un año, efectivamente, esos tres alumnos despuntaban del resto en sus resultados. Hasta ahí todo parece lógico. Lo extraordinario es que, en realidad, no habían hecho nunca test alguno, y que los tres niños habían sido elegido al azar. Se estudiaron minuciosamente las clases, grabadas en video, y los investigadores pudieron observar cómo, de forma inconsciente, mediante la forma de tratarlos, los profesores llevaban a esos alumnos a extraer de sí mismos el máximo de sus potencialidades.

Es decir, y espero expresarlo claramente: Tu opinión del mundo no es sólo una opinión, sino que construye el mundo. Si piensas que alguien es tonto le estarás con-virtiendo en un tonto. Al menos contigo. Al menos ante ti. Al menos para ti. Si piensas que es sabio le estarás dando sabiduría. Eres libre de pensar lo que quieras, pero sé consciente de que tu pensamiento no es inocuo ni irrelevante, sino decisivo y creador. Nada es sólo un comentario. Nada es sólo una forma de hablar. Nada es sólo una opinión. Nada es sólo algo que se te ha pasado por la cabeza. Eres responsable. A cada instante lo eres, aunque no quieras serlo. Eso te convierte en Dios. ¿Te cuesta aceptarlo? ¿Te cuesta escucharlo sin sentir el impulso de ridiculizarlo? No te enseñaron a reconocer lo que eres. Te educaron para olvidar.

Sin embargo tú puedes educarte a ti mismo. Tú puedes crearte a ti mismo. Tú puedes recordar. Sólo tienes que darte cuenta de que absolutamente todo es ilusión. Y de que puedes crear la ilusión más bella que sepas crear. Si no te sientes capaz de aceptarlo intelectualmente, o si no lo sientes, o si no tienes la experiencia, puedes realizar milagros sólo actuando como si fuese verdad para ti.