En este preciso instante

Primera filmación de un electrón en movimiento














Uno siempre ha llegado allí donde desea llegar. No hay metas. No hay caminos. No hay méritos. Hemos creado una cultura, transmitida una y otra vez de padres a hijos, que da valor al sufrimiento, al esfuerzo, a lo difícil de conseguir. Y esa forma de vivir se ha trasladado también a lo psicológico. Sin embargo la necesidad de un proceso es sólo una creencia, un programa que el ser humano ha ido reforzando a lo largo del "tiempo". El psicoanálisis y otras terapias basadas en largos trabajos nacen a partir de esa creencia y después, conscientemente o no, se aprovechan de ella. Sin embargo, "corto" o "largo", no es necesario proceso alguno para sanar, o para convertirse en quien uno quiera convertirse, o para sentir de otra manera que nos haga menos daño, o para desahacer lazos enfermos y cerrar una herida.

En esta dimensión que llamamos "física" existen "metas" que aún creemos imposibles de alcanzar sin seguir un proceso. Sin embargo suceden cosas maravillosas: Hay casos de personas que, en estado de trance, tocan de forma virtuosa instrumentos que jamás habían tocado, incluso sin haber estudiado antes ningún otro instrumento; o que hablan lenguas que ni siquiera conocían; o que son capaces de pintar rápidamente un cuadro como el mismísimo Van Gogh sin que ningún "experto" sea capaz de detectar la diferencia. También ha sucedido que personas de una masa muscular normal, en un accidente de tráfico, por ejemplo, al ver que un ser querido se hallaba atrapado, han desarrollado en un segundo la fuerza necesaria para levantar el coche solos, una fuerza que sólo hubiese sido posible desarrollar tras duros meses de entrenamiento. 

Utilizamos una mínima parte de nuestro cerebro. Y todos estos casos parecen indicarnos algunas puertas secretas que esperan en nuestro "interior" a que sepamos abrirlas a voluntad. Quizás cada cerebro se halle conectado con una mente colectiva y unitaria, y entonces cada persona lleve consigo, sin saberlo, toda la experiencia de la humanidad entera, y todos sepamos hacer todo lo que cualquiera haya hecho antes. Quizás un día podamos introducir, o des-cubrir en nosotros, un programa para convertirnos en expertos de cualquier actividad en un sólo instante. Sin embargo el proceso de aprendizaje de algo que nos interesa y nos divierte puede ser un camino placentero, un viaje interminable de auto-conocimiento. Pero cuando hay algo que queremos cambiar, que nos hace sentir mal, o algo a lo que queremos llegar para poder vivir lo que deseamos vivir porque no nos creemos preparados... entonces el proceso es sólo una creencia que estorba.

Si crees en la necesidad de los procesos... los tendrás. Y te crearás procesos tanto más largos como importante y decisivo sientas lo que quieres lograr. Porque si accedieras a ello ahora mismo no te percatarías, o lo creerías falso y precipitado, o lo taparías con razonamientos lógicos. No. Si crees en el proceso no aceptarás en ti nada que no hayas logrado con "tiempo".

Los científicos parecieron sorprenderse cuando se percataron de que el electrón saltaba de un nivel de energía a otro de forma instantánea, de forma discontinua. Es decir: sin recorrido. A esto es a lo que se llama "salto cuántico". Se sorprendieron aún más cuando asistieron a cómo el electrón podía hallarse en dos sitios a la vez. No se trata de dos electrones idénticos, ni de una proyección, no, se trata del mismo electrón. ¡En dos sitios a la vez! Y lo que más pareció sorprenderles, y que cambió la ciencia para siempre, es que las creencias e ideas del observador afectaban al modo en que las partículas se comportaban.

Cuando quieres sentirte de una determinada manera, por ejemplo, no se trata de llegar a un estado idóneo para ello, ni de seguir un proceso de limpieza o duelo. Se trata, simplemente, de cambiar el punto de vista sobre ti mismo y sobre la "realidad" que estás creando en ese momento. Se trata de dar un salto cuántico en tu percepción. Para ello sólo tienes que tomar consciencia de que tú no eres quien va de un punto a otro. Tú, si al pensarlo prestas atención, eres quien ve ese proceso que quiere seguir. Ves el punto en el que crees estar y el punto al que quieres llegar (y en el que crees no estar ahora). Eres el observador. Si no fueses el observador no podrías identificar ningún proceso a seguir. Lo eres. Ves ambos puntos a la vez. Estás en ambos puntos a la vez. En el inicio y en la meta. Lo que crees futuro es presente. Si eres consciente de ser el observador entonces puedes decidir dónde ubicarte.

Existe ya, aquí, una realidad en la que eres quien deseas ser, una realidad en la que has dejado de luchar y temer, una realidad en la que eres invulnerable, una realidad en la que estás preparado para cualquier cosa, una realidad en la que tu herida ya está cerrada, e incluso una realidad en la que esa herida ni siquiera existe ni existió. Y esa realidad puedes elegirla ahora mismo.

Un periodista le preguntó a Osho: "¿Quién es usted?". Él contestó que era simplemente un ser humano como cualquier otro. El entrevistador le dijo que no exactamente. Osho, riendo, contestó que era cierto: "Yo estoy iluminado y tú no -dijo con aparente arrogancia- . Pero es una diferencia muy pequeña. De hecho, tú puedes iluminarte en este preciso instante. Si quieres".

De hecho ya estás iluminado.
Si quieres.