Elogio de la desesperanza


©Alex Grey






















Nos han hecho creer que la esperanza es lo último que uno debe perder. Y así nos mantenemos víctimas pasivas, cuya única salida es la queja y la indignación, mientras seguimos esperando que el mundo sea lo que queremos que sea. Y sin embargo la esperanza es lo primero que uno debe perder para empezar a aceptar la propia responsabilidad. Quien espera se duerme.

Si estabais esperando que escribiera algo nuevo, mal hecho. Lo estoy haciendo, pero podría no haberlo hecho. Podría haber muerto, o haber decidido no escribir más, o no escribir nunca más en este blog. No estoy aquí para cumplir las expectativas de nadie. Estoy aquí. Pero estoy empezando. No soy ya el mismo que escribió todo lo anterior. Así que... ¿a quién esperabais? Yo no os espero nunca. Gozo con vosotros cuando estáis, cuando decidís estar.

Si quedo con alguien que se retrasa ya jamás lo entiendo como una pérdida de tiempo, sino como un tiempo que la persona me regala, sin saberlo, para poder recibir una idea. Alguna de las entradas de este blog me fueron reveladas mientras esperaba a alguien. Siempre tengo dos opciones: Irme, o transformar la espera en una idea, en una oportunidad para enfrentarme a ese "yo" que espera. Y así dejo de esperar.

A veces, en una relación, te piden que esperes. Jamás lo hago. Me gusta vivir lo que siento cuando lo siento. Hasta el final, si lo hay. Con todas las consecuencias. Porque el futuro no existe. Quien te pide paciencia te pide que te apartes ahora. Y el ahora es lo único que tenemos. Si nos encontramos... si nos apetece caminar juntos... lo hacemos. Si no es ahora... no es.

Otras veces nos contamos a nosotros mismos que estamos esperando unas condiciones mejores, un momento ideal, haber "superado" ciertas cosas, estar "preparado", saber lo que uno "quiere". Nos contamos todo tipo de excusas para no hacer lo que tememos hacer, que siempre es lo que más deseamos hacer. Y sin embargo la única forma de dejar de temerlo es hacerlo. La única forma de aprender algo es aprendiéndolo. Es el saber el que crea aquello que se sabe. Se trata de atreverte a saberlo. No hay proceso. No hay tiempo.

Llevaba muchos días sin escribir, sin hacer muchas cosas, demasiadas, porque esperaba unas condiciones determinadas para hacerlas. Esperaba que terminaran las obras de mi casa, tener todo limpio y ordenado, poder elegir mi horario, por ejemplo, minucias leídas desde fuera, lo sé. Aunque... ¿qué no lo es? ¿La muerte? ¿Una guerra? ¿Una enfermedad? ¿Una catástrofe? Minucias vistas desde el espacio exterior. Y siempre puedes decidir adoptar el punto de vista de una estrella, con-vertirte en ella.

Ahora sé por qué las obras se han eternizado misteriosamente, como si se tratara de un mal de ojo, más allá de lo que unas obras se suelen retrasar. Mucho más allá. Creedme. Mezclado todo con tormentas emocionales, cansancio, tristeza, enfados... El universo quería que aprendiera esto que ahora escribo, que creía saber y no vivía por completo: Nunca hay un tiempo mejor para realizarse. Así que comienzo a escribir con mi casa aún en obras, con todo desordenado y sucio. Ya no pondré de excusa ninguna circunstancia. Ser un cobarde, andarme con rodeos, ceder el poder, no entra en mis planes. Si no hago lo que deseo hacer ahora, no lo haré nunca tal y como ahora lo deseo. Y... qué diablos. Esto es un paseo. Y pienso disfrutarlo. Pienso dejar que mi ser se manifieste, porque eso es lo que he venido a hacer, lo que he venido a ser. Quien inventa el obstáculo puede disolverlo. Y no estoy hablando de "producir", como me decían de pequeño. Estoy hablando de permitir que suceda a través de uno lo que clama por suceder. Sea lo que sea. El canto o el silencio. Y ahora tengo ganas de cantar. ¿Paseamos?