Transparencia

@Gregory Colbert















Jugar al misterio siempre me pareció inútil. Siendo el mero hecho de existir, para mí, un misterio infinito e inevitable, un viaje sin fin al centro del universo, cualquier intento de parecer misterioso me resulta ridículo e irrisorio. ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Cuál es el sentido de la vida? Preguntas incontestables, pues la respuesta es in-nombrable y, a la vez, es la misma para todas ellas. Eres ya eso de donde vienes y hacia donde vas. Y eso, lo que eres, lo que todos somos, es precisamente el sentido de la vida. Sin más. Sin menos. ¿Qué es? No lo sé. Es a la vez una certeza y un misterio. Sin intentar violarlo con conceptos ni etiquetas, tengo la certeza de ese misterio, lo conozco, vivo en él. Sé la respuesta a todas las preguntas, y es: "No lo sé". El otro día me preguntaban en una entrevista: ¿Quién eres? Y "yo" contesté: Al fín no lo sé. Al fin puedo decir que no lo sé. Qué tranquilidad. Qué libertad.

Muchas gente me suele decir que soy misterioso. Cuanto más transparente soy, más misterioso resulto para algunos. La mayor parte de las personas necesitan construir una seguridad ilusoria, un sentimiento de solidez, de objetividad, de anclaje, para no sentir el vértigo de la existencia que, sin embargo, sería lo único que les abriría para siempre las puertas de una percepción nueva e iluminadora. Pero no. Te miran e, inconscientemente, en ese afán por creer que controlan la "realidad", se lanzan a definirte, analizando cuidadosamente en qué patrón interno encaja la imagen que se han hecho de ti.

"Yo" me cuido siempre de no transigir bajo ningún concepto, y de no atraparme a mí mismo en la imagen que alguien se haya hecho de mí. Así me doy libertad para ser quien soy a cada instante. Ofreciéndome por completo. Siempre distinto. Siempre con lo que en ese instante soy, o tengo para dar, para expresar. Y cuando uno no se aprisiona en una identidad... quien te percibe desde la razón se desespera al no tener nada a lo que asirse. Y suele decidir etiquetarte en ese cajón desastre del "misterio". Entonces, para esa persona, paso a ser "misterioso". ¡Y soy transparente! No es misterio lo que ve. Es que no ve nada, porque no hay nada. Nunca. O, si lo prefieres, todo es misterioso, todos somos un inmenso misterio. Transparente.

Ante el miedo o la preocupación que sienten muchos a cómo son percibidos por los demás, a la imagen que dan, buscan la seguridad en una sensación de estar protegidos dentro de "su mundo". Comienzan a jugar al escondite, dosificando de manera absurda la información sobre sí mismos, lo que dan, lo que comparten con "el otro". Se esconden en un misterio prefabricado, en una privacidad ridícula, en un rincón pequeñito. Se visten con él. Creen estar a salvo, ¿de qué? Y se quedan desnudos y muertos, porque todo cuanto guardan muere en ellos.

Podemos decir que se produce una paradoja: Si te muestras transparente no se ve nada a través, y nos enfrentamos al verdadero misterio. Si te muestras "misterioso" te vuelves transparente, porque vemos un inmenso miedo a través de la fachada con la que pretendes taparlo.

En la anterior entrada no escribí nada. Estaba meditando ante la palabra "misterio". Entonces puse el título para inspirarme, no sé por qué. Misterio. Mi intención era escribir sobre lo que hoy escribo. A los pocos días, como no venían a mí las palabras, decidí dejar un espacio en blanco. Como quien compra un cuaderno nuevo, o decide comenzar en una página vacía. A mí, al menos, me sucede que la página en blanco me inspira. Por eso creé ese espacio. A ver si así invocaba las palabras justas. Y entonces sucedió que comenzasteis a dejar comentarios. ¡Qué maravilla!, me dije. A veces no hace falta hacer nada. Y pensé que parte de lo que muchas veces se le reprocha al arte contemporáneo es que sea capaz de provocar una reacción, un pensamiento, una emoción, sin hacer prácticamente nada. A algunos eso les parecerá una aberración, porque otorgan un mérito añadido al esfuerzo o al virtuosismo. Yo no. Alabo lo fácil, el mínimo esfuerzo, y alabo a quienes os mostrasteis ante el misterio, a quienes os denudasteis ante la nada, a quienes le disteis un valor, el vuestro, y no exigisteis más de lo que era. Nada.