Quemar las naves























Este blog ha ido encontrando su propia vocación de servicio. No me impongo nunca escribir en él. Es la escritura la que me pide suceder a veces. Aquí. Entragado, dejo que la vida decida el momento. Suele suceder que, de repente, durante unos días, las personas que me encuentro dicen tener una misma inquietud. Y entonces sé que ha llegado el momento de responder a ello.

Por ejemplo, últimamente muchas personas me han dicho sentirse tristes, o faltas de energía, por estar dedicando gran parte de su tiempo a unos estudios, o a un proyecto, que ya no les satisface plenamente, pero que creen deben terminar. Están poseídos por una voz interior que les ordena "terminar las cosas" cuando dudan si hacerlo o no. "Hay que terminar las cosas. Hay que terminar las cosas". Como un programa instalado en su cerebro por un espíritu colectivo que quisiera controlarlos, y mantener así un orden perverso y mortecino. Como un compromiso que hubiesen adquirido sin saberlo, bajo hipnosis, y tras un lavado de cerebro. No se trata de un contrato firmado a voluntad, sino de una obcecación por andar un camino que ya no desean andar y que son libres de abandonar.

Porque el final anhelado es ahora o nunca. Y el mandato inconsciente del que son esclavos, el programa instalado en ellos, va más allá de eso que ahora dudan si abandonar o no. Se trata de sentirse obligado a cumplir con expectativas ajenas, normalmente las de los padres. Se trata de dar una imagen, de querer conservar un amor ofrecido por medio de un chantaje. Se trata de agachar la cabeza cuando han sido víctimas de un abuso. Se trata de que les han hecho sentir que deben algo, que deben ofrecer parte de su vida en sacrificio. Y ese sacrificio se traslada luego al resto de sus vidas. Si ese programa no se desinstala ahora, si miras hacia otro lado, si crees que una vez cumplida la penintencia todo cambiará... bueno, muchos viven toda su vida creyendo que deben pagar un precio por existir, que deben hacer cosas a veces que no les gustan.

Y no es así. No le debes nada a nadie. Lo que tus padres hicieron por ti lo hicieron porque era su obligación, y porque además quisieron hacerlo. Pero tu vida no es la suya. Es la tuya. Y el vivirla es tu responsabilidad. Si relegas la plenitud al mañana caerás en una trampa de la que puede no sepas salir después. No hay ningún mañana. Te lo aseguro. Así que te sobran las excusas de niño/a "bueno/a", tú lo sabes. La inseguridad que sienten los demás con respecto a ti es problema de ellos. Pero tú también sabes que, si haces lo que amas, lo harás bien, que si dejas las cosas cuando ya no las amas te sentirás bien, y que sabrás vivir sin bastones, sin intentar demostrar nada.

Es esto lo que tienes, y tú decides lo que haces con ello. Pero es esto lo que tienes. No hay más. O te realizas ahora, o decides ser feliz ahora, o decides gozar ahora... o no hay gozo, ni felicidad, ni realización alguna. "Hay que terminar las cosas. Hay que terminar las cosas". Basta ya. No hay obligación de terminar nada. ¿Para qué terminar algo que no amas, algo que vas a abandonar una vez terminado? ¿Quieres una medalla, vivir la vida de otros, por otros? ¿Quieres tener una foto en un diploma con cara de idiota? Si vas a empezar a andar tu camino este es el mejor momento, el único momento, porque lo cierto es que no sabes si habrá más momentos. Pero sabes que este sí, lo tienes, y lo puedes vivir a tu manera, y eso es un regalo milagroso siempre. El ragalo de la vida. A cada instante. Puedes aprovecharlo o escupir sobre ello.

La creencia moral de que se debe terminar todo aquello que se empieza, absurda si se piensa dos veces, emerge sin embargo de una verdad psicológica profunda mal interpretada. Uno sabe siempre cuándo ha finalizado un ciclo en su espíritu, cuándo su ser ha mutado de nuevo, completando otra etapa sagrada en su evolución. Lo siente en lo más profundo. Y no se atreve a cerrarlo porque piensa que "hay que terminar las cosas". Es decir, confunde un ciclo "interior", misterioso siempre, inabarcable por el intelecto y las formas, con una etapa material en el "exterior". Proyecta eso que sabe debe cerrar en sí mismo, en algo material empezado, es decir, en algo que cree debe cerrar ante los demás. Entonces se siente mal, falto de energía, porque piensa que debe seguir hasta el final con ello, pero inconscientemente sabe que, al seguir con ello, no cierra el ciclo que ya ha terminado en su "interior", y se traiciona. 

Es ese ciclo sagrado, sin embargo, el que hay que cerrar para sentirse uno vivo: Se bendice y se avanza, se deja salir a la mariposa antes de que muera asfixiada en su capullo. Terminar esos estudios o ese proyecto o lo que sea, sacrificar ese tiempo que te quede, si es que te queda, no te hará sentirte más vivo/a. Es tu decisión, por supuesto. Pero la decisión sólo será libre si eres plena y verdaderamente consciente de que no es una obligación seguir, y de que no es un fracaso dejarlo. El único fracaso es no estar viviendo.

Permitir tu mutación, permitirte ser quien eres ahora mismo, te hará féliz. Puedes probarlo también si quieres. No hay otro secreto. Aunque eso suponga perder prestigio, o la aprobación de mamá y de papá. Para que la mariposa vuele no basta con que sea ya mariposa. Hace falta romper el capullo. Y hace falta mover las alas.