Puedes






















No dejo de hablar últimamente con personas que creen imposible realizar determinados sueños. Hace poco, por ejemplo, conocí a alguien que ha decidido pensar que, a su edad, ya no es posible dedicarse a bailar "profesionalmente". Su sueño era bailar ante un gran público. Yo la animé a que encontrara la forma de hacerlo, a que la inventara, a que no se rindiera. De inmediato, como presa de un estado hipnótico, poseída por una maldición ancestral, me ametralló con la colección de excusas que protegían su creencia, casi enfadada porque me entrometiera en su historia voluntaria de resignación. Prefería verme como un enemigo que asumir su pánico ante la más mínima posibilidad de haber estado contándose tonterías. Solemos ser los carceleros de nosotro mismos. Pero lo cierto es que no hace falta tener una edad, ni unas condiciones físicas determinadas para bailar. Quizás te harían falta para hacerlo de la forma más habitual de hacerlo. Pero no para hacerlo. Basta con conocer historias como la de Nadia Adame para quedarse estupefacto ante cualquier excusa absurda. Nadia decidió ser bailarina a pesar de sufrir una lesión medular. Hoy baila por todo el mundo, tiene su propia compañía, y realiza ángulos con su muleta y su cuerpo imposibles para otros bailarines, según afirma ella. Es decir: además de dedicarse a bailar, ha creado un estilo propio gracias a su lesión, transformando su aparente traba en una herramienta mágica. ¿Y la edad? No me cuesta imaginar los bellos y lentos movimientos que, un anciano sincero e inocente, podría ofrecer al baile también.

Con una buena idea, además, ni siquiera el esfuerzo y el sacrificio son necesarios. No hace falta violentar el cuerpo, ni seguir una ferrea disciplina, ni una entrega total, ni una basta experiencia. Matt Harding, por ejemplo, grabó hace unos años una serie de vídeos con mucho éxito en internet. En ellos baila ante miles y miles de personas que, diariamente, le ven por todo el mundo. Sin ni siquiera ser bailarín de profesión. Haciendo unos movimientos que cualquiera de nosotros sabe hacer. Bailando como bailamos para reirnos en casa, sólos o con algún amigo.

En mi opinión ha conseguido, sabiéndolo o no, llegar a la esencia de la danza. Cuando aquí, en este planeta, la primera persona comenzó a bailar, no existían "técnicas", ni "tipos" de baile, ni "profesiones". No existían "pasos" a estudiar. Seguramente, esa persona comenzó a bailar instintivamente, para expresar un estado de ánimo, o lo que sentía al escuchar una música, o para rezar, quién sabe. Nunca sintió que se debiera preparar para nada, en ningún sentido. Bailar era bailar. Y aquí está lo bello: Hoy, cuando el ser humano lleva a sus espaldas una basta cultura al respecto, cuando existen escuelas de baile por todo el mundo, cuando el baile se ha convertido en algo complicado y sacrificado, dicen, Matt baila como imagino bailaba aquella primera persona. Sólo por diversión. Y habiendo hecho de ello casi una profesión... ha elevado la esencia a la misma altura que lo elaborado por miles de años de cultura. Recuperándola.

Y hay algo más bello y profundo para mí en la idea sanadora de Matt. Se trata del contagio de la alegría. Matt es, sabiéndolo o no, un verdadero sanador. Muchas personas viven protegiéndose de la tristeza, en una actitud defensiva, quejándose de las "malas vibraciones", de la "mala suerte", de la amargura de los demás. Como si fuesen agentes pasivos resignados a tener que soportar lo que les sucede. Y, sin embargo, la alegría es algo que uno puede crear, y es mil veces más contagiosa que esa amargura "ajena" que decimos nos pesa. Si en vez de quejarnos, nos centramos en nuestra propia alegría y en cómo compartirla, la amargura -ajena y propia, que es la misma- también es disuelta. 

Teniendo en cuenta los beneficios probados sobre la salud de la alegría, la actitud positiva, la sonrisa... Y teniendo en cuenta que un ser humano alegre, que sabe divertirse, nunca declararía una guerra, ni encontraría placer alguno en hacer daño al prójimo... las implicaciones de contribuir a la expansión de la alegría son incalculables. Si veis sus videos y luego imagináis la tremenda difusión que están teniendo, entenderéis hasta qué punto se trata de una medicina universal. Si piensas que Matt no puede ser considerado un "bailarín profesional", entonces aún intentas justificar, dentro de ti, el ingente esfuerzo que hemos puesto como precio para lograr cualquier prestigio.

Puedes dedicarte a bailar sea cual sea tu condición. Puedes dedicarte a cualquier cosa. Si crees no poder hacerlo de la forma habitual, aprovecha e inventa una nueva forma, que siempre será mejor que hacerlo de la forma habitual. O asume que nunca lo deseaste lo suficiente, deja de alimentar ideas infantiles y obsesivas que te atan al pasado, y encuentra tu voz en el mundo por otro camino que desees realmente ahora. No utilices lo que no estás dispuesto a hacer como excusas para no hacer nada más. No utilices un sueño falso para acomodarte en tu sentimiento de fracaso. Cualquier deseo clama por ser realizado. Cualquier deseo tiene su forma de realizarse. O bailas, o pruebas y te diviertes, o cruzas los brazos y te quedas mirando. Tú decides. Os lo digo a todos. Y a mí al primero.


 Si Fueses Pájaro Lo Entenderías:
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