Segundas personas

William Blake: Tiriel, plate 2, Har and Heva bathing, Mnetha looking on
















Nadie puede, aunque quiera, entrometerse en una relación entre dos personas. (Y hablo aquí de la más habitual, hasta el momento, relación "amorosa" entre humanos: la pareja exclusiva). Si un "tercero" entra en escena es porque ha sido invitado de forma inconsciente, porque su papel ha sido escrito, poco a poco, por la pareja. Por ambos miembros, aunque uno de ellos juegue el papel de dañado, o sorprendido, o traicionado. En el fondo están cumpliendo con la historia que hace tiempo comenzaron a contarse.

El "intruso" siempre es creado, como chivo expiatorio, en la mente del que se siente abandonado. Pero nunca hay tal "intruso" o, también, a veces, si nos atrevemos a decirlo: uno de los miembros de la pareja es el "intruso" en la nueva relación que el otro ha emprendido. Y no es capaz de admitirlo, aferrándose a un papel que ya no le corresponde. A veces la segunda pasa a ser la "tercera" persona en un sólo instante, en un sólo flechazo. Sólo quien posee el presente es capaz de danzar con esa realidad cambiante, sin patalear, sin querer hacer sentir culpable al otro o sin sentirse culpable por el dolor del otro, sin intentar que todo sea como ya no es, retirándose elegante, permitiendo, respetando el fluir de la danza.

Muchos sabéis ya con qué dos signos se escribe la palabra "crisis" en chino: Uno es "peligro". El otro "oportunidad". Y si nos des-hacemos de la aparente dualidad, entendemos que toda oportunidad es un peligro maravilloso, y que todo peligro es una oportunidad. Surge entonces la unidad: "Crisis". Así, lo que se llama "crisis" de pareja, no es más que una toma de conciencia de algo que es consustancial a la pareja: el peligro, y la oportunidad:

Podemos, como pareja, darnos cuenta de aquello que nos ha ido separando, y tomar la decisión, aprendiendo de ello, de re-encontrarnos y re-inventar nuestra relación como deseemos. O podemos darnos cuenta de que nuestra vida como pareja ha terminado, y de que ha llegado el momento de bendecirnos, des-integrarnos, y re-nacer por separado. Sea como sea, al enfrentarnos a esta decisión, si queremos tomarla en verdadera libertad, desde el amor y no desde el dolor, debemos centrarnos en ti y en mi. La relación que tú tengas o que yo tenga con otra persona es otra relación que a nosotros no nos incumbe. Lo que importa aquí, entre nosotros, es lo que tú y yo tenemos. Mientras nos ocupamos de nosotros dos, para respetar a la segunda persona, el concepto de "tercera" persona debe des-aparecer. En mi experiencia, tanto "dentro" como "fuera" de terapia, esto transforma todo dolor en una bella aventura.

Entonces, una vez tomada la decisión, uno puede retomar a esa "tercera" persona con una profunda gratitud. Vino a esclarecer una situación que no habíamos sabido enfrentar como pareja, en un sentido o en otro. Vino a romper la burbuja inerte de una vez por todas. Vino a buscarte. O vino a buscarme. O vino a ayudarnos.

De todas formas, creo que es importante entender que existe una jerarquía, profundamente grabada en la mayoría por nuestra "educación", un "orden del amor", como lo llama Bert Hellinger, en base al cual se construye una ficticia superioridad moral de las personas que aparecen "antes" en la vida de uno, las personas que nos "conocen" desde hace más tiempo, como si tuviesen más derecho, presencia, y poder. Pero, en mi opinión, Hellinger parte de una concepción lineal del tiempo, ilusoria y susceptible de ser trascendida por una mente osada y dispuesta a expandir sus límites, por un corazón honesto y dispuesto a mirar de frente lo que siente cuando lo siente.

Entonces no hay "antes" ni "después". Sólo hay lo que hay. Ahora. Y si te acabo de conocer, y me he enamorado de ti, es porque ya me enamoré de ti antes de que el universo naciera. Si cojo tu mano es porque el universo entero mueve mi mano hacia la tuya.