¿Vampiros?


El ser humano es especialista en crear culpables, en mirar hacia otro lado, en lavarse las manos y buscar chivos expiatorios, en no asumir la propia responsabilidad. Se suele quejar de lo que hacen "los demás", sin darse cuenta de que esa interpretación de lo que "otro" hace está sólo en la mente de quien cree percibirlo. Pero es imposible saber qué percibimos. Sólo podemos saber lo que nuestra mente construye con aquello que percibe. Y si somos consciente de esto, entonces... ¿qué nos está diciendo de nosotros esa interpretación? Porque eso es lo que debería importarnos, ya que es lo único que es asunto nuestro y que, además, está en nuestras manos transformar de una forma directa.

Normalmente se vive intentando -desesperada e inconscientemente- mantener el propio miedo, la propia tristeza, las propias emociones negativas aplacadas, dormidas, tapadas. En nuestro interior acontece una batalla sangrienta por reprimir todo eso, para que podamos seguir manteniendo una idea determinada de quiénes somos. Por eso, proyectarlo en alguien nos alivia. Nos enfadamos con alguien para aliviarnos, para sentirnos mejores o más sanos de lo que "en realidad" estamos. O eso, o enfermar. No queda otra. La presión necesita ser liberada.

Se suele creer que existen personas que nos chupan la energía, por ejemplo. Cuando lo que sucede es que cedemos nuestra energía a determinadas personas, o nos sentimos acomplejados ante ellas, o las tememos, o no sabemos cómo tratarlas. Porque representan partes nuestras que no nos atrevemos aún a enfrentar; y pensar que ellas tiene el poder sobre nosotros nos exime de culpa y cobardía. Pero nadie puede quitarte tu energía. El poder sobre ella es sólo tuyo.

También se suele y conviene pensar que alguien triste o con "mal rollo" puede contagiarnos. Cuando lo que sucede es que, simplemente, destapa en ti una tristeza o un "mal rollo" que no quieres re-conocer. Cedemos el poder para poder culpar, para no tener que asumir la responsabilidad de quiénes somos. ¿Por qué no fuiste tú quien le contagiaras tu alegría o tu "buen rollo", y no a la inversa? Cuesta re-conocerse, ¿verdad?

Con los lugares sucede igual. ¿Sientes que un lugar te afecta de forma negativa? ¿Qué está mostrándote de ti mismo entonces, qué despierta en ti? Porque si lo identificas puedes transformar el lugar que no te gusta en un paraíso. Y, aunque decidas abandonarlo, con-vertir el odio en gratitud.

Muchas veces me preguntan si, tras mis largas sesiones terapéuticas, no me encuentro cansado, o cargado de "energía negativa". Toda esa gente descargando sobre uno sus problemas... Y no. En mi experiencia sucede al contrario. Si trato con alguien es porque me siento bien, porque siento una profunda paz en mi alma que sé inquebrantable, y confío en ella. Para mí, el arte terapéutico consiste en transformar, a través de uno, la energía negativa del "otro" en energía positiva, en una energía positiva que nos inunde a ambos. Si fuese por ahí cediendo el poder, haciéndome la víctima, lo que hago no le sería útil a nadie. Si siento algo negativo hacia alguien sé, de inmediato, qué es lo que debo atender en mí, y entonces la terapia también es auto-terapia. La danza no termina hasta que no sentimos que hemos contribuido a la expansión de la felicidad, hasta que lo "negativo" que traíamos con nosotros no haya mutado.

Todo aquello que traemos a la consciencia se transforma. Lo que intentamos mantener en la oscuridad nos domina, y genera nuestra ira hacia el "exterior". En una escena de Star Wars, Luke le pregunta a Yoda: "¿El lado oscuro es más poderoso?". Yoda responde: "No, más poderoso no. Más fácil, más rápido, más seductor". Más absurdo, añadiría yo.