Lo que somos

Mi abuela. Mirándome.
















La identidad de mi abuela se diluye en su cerebro poco a poco. Y sin embargo cada vez la percibo más relajada y feliz. O quizás sea por eso. Quizás la identidad de mi abuela, enquistada, rígida, negativa y miedosa hasta la nausea, fue siempre un lastre para ella. No supo, nadie le enseñó a transformarse, a morir y renacer, y cargó con todos los miedos familiares, con todas las ataduras y prohibiciones.

Nunca quiso aprender, aceptar, asimilar nada nuevo. Todo lo nuevo lo vivía como una amenaza, y el mundo, por supuesto, cada vez estaba más enfermo para ella. Es normal que encerrada su mente, estancada, sin ningún afán de expandirse, acabara durmiéndose, y muriendo poco a poco.

Siempre la recuerdo diciendo que lo único que quería era morirse. Una y otra vez, de forma mecánica, suspiraba como harta, cansada de vivir, y lo decía. Y ese mensaje ha acabado calando en su cerebro. Aquí está. Ante mí. Muriendo. ¿Qué es morir sino perder el "yo", la memoria de "nuestra" vida? Lo que ahora le sucede lo lleva pidiendo, invocando como un mantra, como un conjuro, desde siempre. Morir. Acabar de una vez con esa identidad que nunca supo quitarse de encima. ¡Qué paz!, ¿verdad, abuela? Algunos te miran y sienten tristeza. Les aterra pensar que pronto ni siquiera sabrás quiénes son. Necesitan ser reconocidos por quienes les quieren para sentir que existen, para conservar también su identidad. Sienten que si tú ya no les ves, una parte de ellos también morirá, y como la mayoría, claro, temen morir.

Pero a mí no me importa que un día, hoy, mañana, ya no sepas quién soy, porque ni siquiera "yo" sé ya quién soy. Al fín no sé quién soy. No me importa que, de repente, ya no tengamos la complicidad que siempre hemos tenido, que no te rías cuando hago que veas lo absurdo de tu forma de juzgar a los demás, cuando ridiculizo tus expresiones severas e injustas, porque sé que en el fondo sabes que todo eso es absurdo, y por eso te ríes. Lo sé. Y sé que me respetas porque soy el único que no te toma en serio, que te ve. Y no me importa que mañana no sepas que soy tu nieto, al que tanto quisiste y defendías, al que cuidaste de niño como si fuese el más amado de tus hijos, al que perdonabas todo, al que ponías siempre como ejemplo. No me importa que olvides, si necesitas hacerlo para morir tranquila.

Al fín y al cabo "yo" tampoco soy tu nieto. Aquí estoy. Ante tí. Muerto ya tantas veces... Acompañándote mientras mueres. Pronto seremos los dos extraños que "realmente" siempre fuimos. Si te amo no te amo por esa identidad tan tonta que ahora des-aparece. Te amo por lo que siempre has sido sin saberlo, por lo que todos somos, por lo único que queda cuando todo se pierde. Y te estoy profundamente agradecido por lo que tú ni imaginas, por lo que nadie te enseñó a imaginar.