Al escribirlo

©David Jimenez






















Me gusta inventar el sentido de las cosas, porque inventar es des-cubrir.

Me gusta responder todas las preguntas, y preguntar todas las respuestas. Sin miedo. Lo considero un acto de amor. Soy un científico, igual que todos. Soy un oráculo, igual que todos. Confío en la vida que late a través de mí. Y de ti.

Me gusta mirarme con la gente. Con una mirada intercambiamos mucha más información de la que solemos creer. De hecho esa información es lo único útil y decisivo que llegaremos a saber de cualquier persona. Si nada más mirarnos por primera vez no podemos decir que "tú" y "yo" nos conocemos... entonces ya no podremos decirlo nunca.

Y al saber de inmediato que nos conocemos también sabemos que jamás podremos conocernos. No hay nadie a quien conocer. Conocer al otro es faltarle al respeto. Sé lo que eres, pero no quién eres. Te dejo libertad para cambiar, para ser quien quieras ser a cada momento.

Me gusta amar y no poseer. Sé que al decir "amar" no nos entenderemos. Y que al decir "poseer" tampoco. Pero sí: es eso en lo que estás pensando. Mejor que sea eso a que no sea nada.

Me gusta morir y nacer cada día. Varias veces si me doy cuenta. Continuamente. Para nacer hay que morir. Un maestro zen, al contarle que le quedaban apenas unas semanas de vida, sonrió y dio una fiesta. Los discípulos, preocupados, le preguntaron: "¿Estás bien, maestro?". "¿Y por qué habría de estar mal?". "Bueno, te acaban de decir que vas a morir". Y él contestó, después de soltar una carcajada: "¡Es fácil! ¡Ya he muerto muchas veces!". 

Me gusta con-vertirme en quien escribe esto. Ahora. Al escribirlo.