Barcas





















La telepatía siempre ha sido algo natural y cotidiano para mí. No dejé que aquel niño la perdiera. Nunca encarcelé ese alma en absurdos mapas racionales, y libre, abierta y receptiva, respira en continuo diálogo con la red invisible que componemos entre todos. No me comunico con nadie a distancia porque no hay distancia. El "otro" no puede transmitirme nada ni "yo" puedo transmitir nada, porque el mensaje es el que nos utiliza a ambos para existir, porque nuestros encuentros son la manera que tiene el universo de hablar consigo mismo. No hay ni "tú" ni "yo", más que como meras convenciones útiles en el mundo de las formas. El "yo" al que decido ser fiel, su deseo, es una baliza que me guía.

Esto que escribo no es un secreto, pero se desliza como agua transparente entre los pensamientos que intentan comprenderlo. Al nombrarlo se desvanece. Al analizarlo se des-integra. Alguien escribió que la verdad es el mejor camuflaje porque nadie la cree. Así, al disfrazarme de mí mismo, queda oculto lo que soy, lo que todos somos. Y sólo quien acepta el disfraz como la imagen verdadera se encuentra consigo mismo, y así con todos.

Cuando alguien me cuenta que está empleando tiempo en ejercitar su telepatía, por ejemplo, o en aprender a utilizar cualquier otra facultad que cree excepcional, recuerdo ese cuento en el que un discípulo, después de muchos años de retiro, regresa eufórico ante Buda. "¡Maestro, lo he conseguido! ¡Después de años y años de meditación al fin sé caminar sobre el agua!". "¡Eres un gilipollas!", le responde Buda. "¿Tanto tiempo perdido en eso, teniendo barcas?". A veces sentir un poder sólo alimenta el ego, y esa euforia orgullosa hace que el poder se envenene, y devenga inútil o perjudicial.

El poder no se persigue sin caer prisoner@ de él. Es él quien se sirve de nosotros, y no a la inversa. No se puede utilizar. No es un medio para encontrar la felicidad, sino que es el medio por el que la felicidad des-cubierta se expresa. Se le deja actuar a través de ella, apartándonos. No nos incumbe. Por eso cuando, conscientemente, deseo decirte lo que siento por ti, simplemente lo digo. Aunque tú ya lo sepas.