Manifiesto por una educación libertaria y creativa

Img: Gustave Doré






















-Creo en el aprendizaje como juego. No creo en títulos, exámenes, medallas, ni palmaditas en la espalda, sino únicamente en el placer y la alegría de aprender de por vida.

-Creo en un aprendizaje útil y esencial, no dirigido a tener un mejor curriculum según los criterios generales, sino dirigido a tener una mejor vida según los criterios personales.

-Creo en un aprendizaje libre, auto-didacta y auto-diseñado, y no en un aprendizaje oficial, reglado e impuesto por el Estado para reforzar la ideología imperante en cada momento.

-Creo en un conocimiento transversal, en el que cada cual pueda componer su propio saber como una sinfonía única e irrepetible.

-Creo en la libertad individual para asignar una jerarquía privada a los conocimientos a los que libremente se decida acceder.

-Creo en la creatividad como esa capacidad inherente al ser humano para crear nuestras propias vidas, no siendo víctimas de las circunstancias, sino utilizando cualquier circunstancia como instrumento de esa creación.

-Creo que las opiniones aparentemente contradictorias son complementarias. Creo en la integración y no en la oposición. Creo en la verdad como aquello que da resultado, pudiendo manifestarse esta verdad de formas diversas.

-Creo en el libre pensamiento, en la singularidad del individuo, y en la responsabilidad personal de convertirnos nosotros mismos, de forma individual, en nuestra aportación al mundo. Sin pretender que nadie tenga que apoyarnos ni sumarse a nosotros.

-Creo que el ser fiel al interés individual es la mejor aportación al saber colectivo.

-Creo en educarnos a nosotros mismos durante toda la vida, absteniéndonos de pretender educar ni a nuestros hijos ni a nadie.




Si Fueses Pájaro Lo Entenderías:

"Quizás la escritura viva un renacimiento, y un día haya un solo lenguaje universal que se base en símbolos pictóricos" (David Testal)

©Eva Rufo















Si como dices, la palabra crea la realidad, ¿cómo crees que será la realidad de un joven del siglo XXI cuya expresión escrita se basa, principalmente, en palabras acortadas o expresiones llenas de símbolos diferentes al idiomático, emitidos a través de un dispositivo digital?

No quiero hacer hipótesis sobre la realidad de otros. Además para mí no existen los jóvenes, ni un joven abstracto… existen sólo individuos concretos, todos únicos, independientemente de su edad, de su género, de su raza, de cualquier característica... Y cada individuo vive en una realidad distinta, aunque aparentemente comparta costumbres con otros. Dentro de una misma cultura, nadie vive en la misma cultura. Unas mismas costumbres pueden significar, según para quién, cosas distintas. Acortar una palabra puede conllevar empobrecimiento o eficiencia. Aplicar un símbolo puede ser simplificación o sutileza. Por ejemplo.

Y además, en cada época, algunos individuos se desvinculan de las costumbres comúnmente aceptadas y, al resistirse, fortalecen lo amenazado. Así la supuesta amenaza a un lenguaje rico y bello puede haber sido su salvación. El rechazo a esa amenaza es, precisamente, lo que hace que no sólo se conserve, sino que se reanime, que se subraye su importancia y se recupere cierta profundidad perdida mucho tiempo atrás, antes incluso de la aparición de dicha amenaza.

¿Crees que afectará este tipo de lenguaje fraccionado al lenguaje hablado tal como lo entendemos ahora?

Aunque todo afecta a todo, no creo que sea decisivo, puesto que esta forma de utilizar las palabras es muy circunstancial, y creo que a nivel histórico su prevalencia va a resultar mínima. Se ha ido desarrollando espontáneamente como una forma de transmitir más información en menos tiempo, para interactuar con más inmediatez, y porque hasta ahora teníamos que escribir con un teclado pequeño, mirando una pantalla pequeña.

Pero los dispositivos físicamente diferenciados de nosotros desaparecerán. La red estará integrada en nuestra percepción. Y nos bastará con dictar mensajes y dar órdenes verbales, y entonces quizás lo más eficiente será hablar lo más correctamente posible. No hará ya falta escribir nada en ninguna parte, ni en una pantalla ni en un papel, salvo que alguien quiera hacerlo como un acto romántico o creativo. Tendremos un secretario virtual a nuestra disposición todo el tiempo. Muchos grandes escritores dictaron sus obras, y muchos ejecutivos no escriben ya ni una sola línea. Así que quizás ese lenguaje fraccionado del que hablas desaparecerá pronto sin afectar apenas al lenguaje hablado que, por el contrario, pasará a tener todo el protagonismo frente al acto de escribir, que será en realidad el afectado, tendiendo a desaparecer.

O quizás la escritura viva un renacimiento y se dirija a la abstracción visual, y un día haya un solo lenguaje universal que se base en símbolos pictóricos. Quizás esos símbolos inoculen en nosotros conceptos mucho más complejos de lo que nuestras palabras actuales sueñan, y esto representará un salto cuántico en nuestra percepción de la realidad, y viviremos en un universo totalmente distinto, porque pensaremos de formas que ahora no podemos siquiera imaginar. Quizás con ese lenguaje podamos entender al fin fenómenos como los círculos de las cosechas, o podamos hablar con otras civilizaciones extraterrestres o extra-dimensionales. Quizás ese lenguaje pictórico sólo sea la antesala del silencio, de la telepatía, de la continua y consciente inmersión en ese profundo saber que todos conformamos, y al que ahora sólo accedemos a veces mediante la intuición. Quizás entonces todos nos reconozcamos pacíficamente en ese lenguaje común, o en esa ausencia de lenguaje. Y quizás miremos atrás un día y entendamos que el aleteo de la mariposa, el detonante de todo esto, fue el primer simple y tonto emoticón.

Sólo estoy elucubrando, y sé que a muchos les preocupa un posible empobrecimiento de nuestro lenguaje. Pero detesto ese pensamiento pacato que vive atemorizado por cualquier amenaza a la forma de vida a la que está habituado, que se regocija en la nostalgia, permanentemente centrado en lo que cree perder, y por ello incapaz de imaginar todo lo bello que puede ganar. Si las palabras tienen que desparecer un día para que seamos mejores habitantes del cosmos, que así sea.

Sé que has escrito un libro impreso con fragmentos de tus publicaciones en twitter. ¿Has hecho lo mismo pero a la inversa?

Ahora mismo estoy terminando de darle forma. Será mi próximo libro. No lo he escrito con fragmentos de lo publicado en Twitter, sino que gran parte del libro lo ocuparán mis tuits, cerca de tres mil, toda mi actividad allí desde el 2010. Tener que ajustarme a la restricción de caracteres me ha hecho profundizar en el acto de escribir más que en toda mi vida.

En cuanto a tu pregunta, mi anterior libro ha sido y es muy fotografiado. Entre los lectores se ha generalizado un ritual por el cual abren al azar el libro y fotografían el texto que aparezca (#AbiertoAlAzar), y esa fotografía la comparten después en las redes. Yo mismo hago ese ritual de vez en cuando. Creo que gran parte del libro ha sido así compartida de forma gratuita a lo largo del tiempo. No sé si te referías a esto con “a la inversa".

¿Qué cosas escribes a mano?

Prácticamente todo. Lo que más me gusta es escribir primero a mano, y luego aprovechar la re-escritura para llevarlo a un archivo o a la red social que corresponda. Cuando de niño comencé a escribir, lo hacía a mano en un cuaderno. Desde entonces tengo uno cerca siempre. Allá donde vaya suelo llevar conmigo el libro que esté leyendo y ese cuaderno. Escribir a mano me hace viajar al pasado y cuidar de aquel niño que escribía de noche para acompañarse a sí mismo, para vencer a los monstruos y hacer justicia. Además ahora añado un sentido metafísico a esa intimidad. Si la escritura es para mí un acto mágico de primer orden, no concibo un conjuro no escrito a mano.

También tengo cierto cariño estético al gesto. Al expresarnos a través de caracteres personales y únicos, y no a través de los caracteres universales diseñados para un programa de escritura, algo profundo de nosotros se está expresando en ellos, como bien sabría cualquier grafólogo. Entonces el acto físico de escribir constituye un acto artístico en sí mismo, independientemente del contenido, o como vehículo del mismo, al igual que sucede para un artista plástico. Me gusta imaginar mi cuaderno como si fuese el cuaderno de bocetos de un escultor.

Sé que te preocupa la educación. Partiendo de que existe un sistema establecido que se basa en educar desde fuera a los niños, ¿crees que los profesores de este sistema deberían olvidarse del aprendizaje analógico de la escritura?

Que llamen educación a la imposición de conocimientos es cinismo. Que además esos conocimientos sean en su mayor parte inútiles, seleccionados arbitrariamente y transmitidos según el criterio de los burócratas de turno, es un delirio y un abuso institucionalizado. Creo que lo mejor es dejar en paz a los niños para que aprendan lo que quieran aprender cuando les salga de las narices aprenderlo. Y entonces, cuando quieran aprender algo voluntariamente, escritura analógica incluida, estar preparados para ofrecérselo y acompañar en su aprendizaje de la mejor forma posible.


Entrevista realizada y propuesta por Macarena Mena Santos para el debate público "¿A dónde va la escritura digital?", convocado por la Fundación Escritura(s).
(No fue seleccionada y no se publicará allí, así que la publicamos aquí)

Si Fueses Pájaro Lo Entenderías:

“No me digas que me amas. No nos vamos a entender. Dime qué quieres hacer conmigo” (David Testal)

Presentar a David Testal no es tarea fácil. Quizá visitando su web os podáis hacer una idea de quién es. O quizá no. Creo que esto último es lo más probable. Si habéis leído su libro “Si fueses pájaro lo entenderías” probablemente ya sabréis que David es un alma vieja, un alma antigua… De esas que te tocan, si te dejas tocar. No creo que haya mucho más que podamos saber de él.

Si le preguntáis a él quién es, no creo que corráis mejor suerte. Sabe bucear en las palabras.



ENCUENTRO 1: EL AMOR EN LA PAREJA

¿Hablamos de amor?

Mejor no. Hemos pactado hablar de la pareja. Prefiero hablar de la pareja, que es una manera de hablar de cómo nos relacionamos. La pareja simboliza para mí el baile alquímico, la colaboración creativa.

Del amor me es imposible hablar, no sé lo que es el amor. Deberían prohibir esa palabra. Querría evitar hablar de amor. Nadie sabe de lo que habla otro cuando habla de amor. 

Si alguien te dice que te ama, por ejemplo, no tienes ni puñetera idea de lo que te está diciendo. Si das por sentado que lo entiendes, creerás que esa persona está sintiendo por ti lo mismo que tú sentirías si fueses tú quien lo dijera. Pero en realidad no lo entiendes. 

Soy partidario de hablar de cosas concretas. No me digas que me amas, porque no nos vamos a entender. Dime qué quieres hacer conmigo.

¿Entonces el amor implica que quieran hacer algo contigo?

No… implica… Sí, por supuesto. Claro.

(Risas)

(Risas)

Bueno, no sé, porque en tu pregunta está otra vez la palabra amor, y no sé lo que es para ti. Pero sea lo que sea, es un sentimiento que despierta cosas concretas en ti, el deseo de hacer cosas con alguien, u otros sentimientos, sentimientos concretos. 

Esos sentimientos concretos son los que me interesan. Puedo no querer hacer algo con alguien, pero ponerme contento sólo por saber que esa persona existe. A eso lo podríamos llamar amor si quieres. ¿Quieres vivir con esa persona? ¿Te gustaría tener una relación íntima con esa persona? No, simplemente te alegras de haberla conocido y de saber que existe. Eso sí es algo concreto. Ahora, si me dices sólo que la amas, ya no sé a qué coño te estás refiriendo.

Así que existe el mismo número de definiciones del amor que de personas.

Si se le preguntara a todo el mundo, habría gente que aparentemente coincidiría en la manera de definirlo. Pero ni siquiera sabríamos cuál es la relación que cada cual hace entre la forma de expresar un sentimiento y lo que realmente siente. 

Tú puedes expresarlo de una forma exacta a mí, con las mismas palabras, y que tu sentimiento interno sea totalmente distinto al mío. Con lo cual, no podemos saber si habrá gente que coincida. Y si aceptamos que cada cual traduce el mundo a través de sí mismo, y cada uno es único e irrepetible, entonces cada “amor” es totalmente distinto. Pero esto es lo que sucede cuando se habla de amor, ¿ves?, que no estamos hablando de nada.

¿Cómo tendría que comunicarse una pareja entonces para poder entenderse mejor? ¿Es posible entenderse?

Tendrían que no hablar. (Risas) Es cierto, es al hablar cuando dejamos de entendernos… Pero ya que vamos a hablar, hablemos de cosas concretas. Y si hablamos de una abstracción, definamos la abstracción. Si habláramos de cosas concretas, nos ahorraríamos un montón de dolor innecesario. Porque cuando hablamos en abstracto, puede llegar el momento en que te enteres de que eso (lo que sea) no significaba lo mismo para la otra persona.

Un caso que me encuentro a veces, por ejemplo… Dos personas que se encuentran, se gustan, se enamoran, y deciden que son pareja. Una de ellas sigue practicando sexo a veces con otras personas, sin contarlo, porque entiende que es parte de su privacidad, y supone que la otra persona tendrá su privacidad también, la cual no le incumbe. 

Y la otra no lo hace, porque entiende que esto es un engaño, y da por supuesto que la otra parte lo entiende de la misma manera. Entonces un día se entera de que su pareja se está viendo con otros. Y dice “me has traicionado”. 

Y sin embargo esa persona daba por sentado que podía hacerlo, que ambos incluso podían hacerlo, puesto que nadie había hablado de que eso estuviese prohibido, nadie había hablado de lo que tenían derecho a guardar en privado o no. 

La pareja funcionaba, estaban enamorados, pero cada cual entendía la sexualidad de una manera, y nunca se habló. Y ahora hay dolor. Sin embargo ambos se decían que se amaban todo el tiempo, y ninguno de los dos mentía.

Desde el principio podríamos preguntarnos ¿qué pareja queremos ser tú y yo? ¿Qué pareja decidimos crear? Porque podemos ser juntos lo que nos dé la gana ser. Una pareja es una obra de arte única e irrepetible. Y para crearla con libertad, tenemos que ser concretos, atrevernos a serlo.

Entonces estamos hablando de construir algo como de la nada, de crear algo totalmente distinto, fuera de todos los convencionalismos, de todo lo que cada uno pensaba sobre lo que es o no es una pareja…

Las convenciones no las tienes que rechazar porque sí. ¿Tú hubieses inventado esa convención? Entonces acéptala, porque tendrá que ver contigo. Si es lo que más te gusta… ¿qué culpa tienes de que sea una convención? 

Y si no la hubieras inventado, si no encaja con la forma en la que tú lo sientes, entonces crea otra vida para ti. Dirán que “no es convencional”. ¿Y qué? Esto no es motivo de orgullo, ni se trata de rebeldía o de distinguirse del resto, se trata simplemente de vivir a favor de uno mismo, no en contra de nada ni de nadie.

Entonces cuando tú estás con alguien, y le dices que le amas, ¿le tienes que explicar primero lo que significa para ti el amor? (risas)…

A veces dices te amo, aún sabiendo que no van a saber qué quieres decir. A veces te mueres por decir algo, incluso antes de saber lo que estás diciendo. De hecho “amarse” siempre consiste en descubrir juntos qué quiere decir para nosotros “amarse”. Así que, lo digas o no lo digas, lo importante es no dar por sentado que eso significa lo mismo para la otra persona, que el otro te está entendiendo. 

Y entonces me ciño a lo concreto, a lo que puedo hacer, y me encargo de que mi relación con ella sea la que exprese claramente lo que le digo cuando le digo que “la amo”. Es decir… tengo claro que es mi relación contigo la que expresa lo que siento por ti, y no lo que te diga que siento.

¿Y si en vez de hablar de amor, hablamos de enamoramiento? ¿El enamoramiento es algo que ocurre en el cuerpo, un proceso “biológico”, o es algo que podemos controlar?

¿Qué decido que es el enamoramiento para mí? Es algo que se produce en el cuerpo, sí, debido a una mezcla de fuentes que se nos escapan, pero se manifiesta en el cuerpo de forma concreta. Hay estudios sobre el cerebro que lo muestran. Se entra en un estado de locura transitorio.

¿Lo puedes controlar? Creo que siempre hay un instante en el que decides dejarte llevar, o te detienes. Aunque sea imperceptible para ti. No decides que te enamoras, decides que te lanzas al vacío, a esa entrega completa, porque intuyes de alguna manera que necesitas vivirlo. 

Y una vez que has decidido dejarte llevar, pierdes el control, y para justificarlo crees que nunca lo decidiste.

Eso me ha pasado. Y he sido consciente de que me pasaba. De que podía hacer las dos cosas…

Y en esa decisión interviene un montón de información que estás valorando a nivel inconsciente. Utilizando la metáfora del desdoblamiento, del físico francés Garnier Malet, podríamos decir que una parte de ti, que sabe más que tú porque viaja por el tiempo, recoge datos y señales inalcanzables para la consciencia, y las valora visitando futuros posibles. Todo esto sucede en lo que para ti es un instante. Así también podemos saber, sin darnos cuenta, lo que la otra persona busca, aunque ella ni siquiera crea saberlo. Y sin que sepas cómo, tienes la conclusión inmediata a modo de sensación: “me conviene” o “no me conviene”.

Con “no me conviene” no sólo me refiero a un aviso de que si me implico en ello me voy a hacer daño, sino a que de alguna forma estoy captando que la otra persona no busca lo mismo que yo. Entonces mi intuición me dice… “Nos paramos aquí. Nos ahorramos el drama”.

Y con “me conviene” no me refiero necesariamente a que vaya a ser agradable, sino a que te conviene para afianzar la idea que necesitas tener de ti mismo, por ejemplo, o para desarrollar lo que intuyes que necesitas desarrollar en este momento de tu vida, o para aprender de una puñetera vez lo que aún no has aprendido.

Todo eso son conveniencias que buscamos sin saberlo en el otro, obras de teatro que llevamos ya escritas y queremos escenificar. Y nuestro viajero en el tiempo valora enseguida si el otro estará dispuesto a interpretar el papel necesario para que nosotros podamos interpretar el nuestro. 

¿Y si crees que esa intuición te está diciendo que sí, pero no das el paso?

Entonces es que te dijo que no. Tu intuición es la que te hace no dar el paso. Tu intuición tiene más datos de los que jamás podrás tener tú. 

El intelecto, que para casi todo es muy tonto, es el que se pregunta antes si lo que está sintiendo tiene sentido o no, y es el que duda después si ha elegido bien o no. 

Pero lo importante es que has tomado una decisión sin saber por qué, y eso es señal de que era lo que en verdad deseabas sin saberlo. “¿Por qué coño no di el paso?”, te preguntas. No lo sabes. Eso es la intuición.

¿Qué pasa cuando te enamoras de otra persona y ésta no te corresponde? Ninguno da el paso, pero sigues obsesionada, aún sabiendo que no quiere nada contigo…

Bueno, no lo sabes. No sabes si de verdad no es correspondido, o si la otra persona está sintiendo lo mismo que tú. Porque tampoco tú das el paso. Y si ninguno da el paso, nada será desvelado. Existirán motivos ocultos para que así sea, conveniencias ocultas. Lo que está claro en este caso es que ninguno de los dos quiere darlo. Al menos de momento. Quizás por eso se mantiene a veces esa tensión incómoda que llaman “obsesión”, porque algo no se ha decidido aún entre los dos…

¿Qué relación habría entonces entre la intuición que me dice que “no” y esa tensión que me dice que “si”?

Pueden ser varias cosas. Depende. Como por ejemplo la simultaneidad de dos intuiciones que sentimos contrarias: la intuición de que no es el momento idóneo para que nos encontremos, y a la vez la intuición de que esa persona es la idónea en un futuro posible.

Pero normalmente esa lucha interna siempre representa la lucha entre la intuición y el intelecto, entre lo que conscientemente crees que te gustaría y lo que inconscientemente sabes que no te corresponde. El intelecto es un guerrero tonto, que se empeña una y otra vez en atravesar el muro justo por la puerta cerrada, y sólo porque le mola la idea de sí mismo atravesando esa puerta, ya ves, algo casi estético. Esa puerta con la que nos obsesionamos corresponde a un ideal infantil previo, por eso nos enamoramos a primera vista, por ejemplo. Pero el ideal, cuando la intuición lo contradice, nos entrampa, porque renunciar al ideal suele resultar doloroso.

Anda que no hay veces que te enamoras de alguien que no te conviene… 

Eso es distinto, y hay que entenderlo bien… Lo que te convenga o no te convenga no tiene por qué ajustarse a lo que tú creas que te conviene o no. Puedes dirigirte a una experiencia dolorosa o decepcionante, pero quizás es lo que te conviene. 

En magia no se considera que pueda haber error. Si sucede, decidimos que convenía, y entonces inventamos un sentido para ello. Incluso aunque consideres que no hiciste caso a tu intuición, también a esto puedes darle un sentido, y convertirlo en un aprendizaje. Siempre estás a tiempo de transformar un error en un acierto. El drama de la culpa es siempre tonto e innecesario.

Y esto no es engañarse. O sí, porque todo lo es. Cualquier historia que nos contemos es engañarnos.

También cuando te quejas de haberte equivocado, de haber perdido tiempo con alguien, te engañas, y lo haces porque, para considerar que no lo has perdido, tendrías que aprender algo que te da mucho miedo aprender. De lo que hablo entonces es de engañarse de forma más inteligente, más consciente, más valiente, menos dolorosa.

La inercia que llevamos la mayoría es a repetir lo ya conocido cuando nos enamoramos. Pero me interesa mucho eso que has dicho antes de poder construir creativamente la pareja que ambos deseen…

Tal y como yo lo entiendo, el enamoramiento no tendría que ir asociado necesariamente a crear una relación de pareja. Porque el enamoramiento es un truco de nuestra biología para que procreemos. Nos sumerge en un periodo de fusión con el otro, de concentración. 

Lo que ha sucedido es que has detectado a alguien que tu biología desea como padre o como madre de una futura cría. En el fondo el romanticismo y la pasión nos utilizan, somos instrumentos de una inteligencia que nos sobrepasa. Y esto es bello comprenderlo. 

El problema es asociar ese impulso a una construcción cultural determinada, como la pareja. No. Alguien puede ser el progenitor perfecto para nuestros hijos, pero una pareja nefasta para nosotros.

Si el enamoramiento es “sólo” la detección de un futuro “padre” o “madre” para nuestras crías, ¿qué hay de las personas homosexuales que se enamoran? ¿Qué otros factores están involucrados en el acto de enamorarse?

Creo que el enamoramiento, entendido como te he explicado, siempre busca la procreación. Aun en el caso de que conscientemente entendamos que no es posible tener descendencia biológica directa entre ambos, al menos con nuestros conocimientos científicos actuales. Si soy hombre y me enamoro de otro hombre, mi biología está eligiendo igualmente a alguien que considera un buen progenitor para una hipotética progenie. Algo en nosotros, a nuestras espaldas, entiende que las características del otro, unidas a las nuestras, crearían un ser humano que nos gustaría aún más que nosotros mismos, y aún más que el otro. Y esto sucede tanto entre homosexuales como entre heterosexuales que se sepan estériles, por ejemplo. También sucede en el caso de que conscientemente tengamos claro que no queremos tener hijos biológicos nunca.

Y sucede así porque la procreación biológica sólo es metáfora de otra procreación más profunda. Toda unión de dos es concebida para crear un tercer elemento que trascienda esa unión. Este es un principio alquímico. Y para que la creación acontezca, deben unirse dos impulsos complementarios, que podemos llamar “femenino” o “maternal” y “masculino” o “paternal”, o como le de la gana a cada cual llamarlos. Y estos impulsos son independientes de la genitalidad y de eso que llaman “orientación sexual”.

Nos juntamos para procrear algo. Lo que sea. Vida biológica, una familia, un proyecto, una obra común, una empresa, una filosofía, una concepción del mundo, un habitat, un jardín, un camino, un baile, una historia… Y el enamoramiento es un mecanismo inconsciente de selección de socios idóneos. Incluso, como te decía antes, la pareja misma es una creación artística conjunta.

Todas estas cosas son “hijos” metafóricos, haya o no hijos biológicos. El verbo “crear” viene del latín “creare”, que significa engendrar, y pro-crear sería algo así como engendrar hacia delante, es decir: propagar. Los “hijos” propagan un legado. Nos juntamos con alguien para aportar algo nuevo al mundo que sólo es posible aportar a través de esa unión. Cuando no existe esa creación, sea en la forma que sea, la unión deja de tener sentido. Asociarse con alguien para nada es una estupidez.

Y entonces, si estáis enamorados, ¿cómo hacer para que eso funcione como pareja?

No tiene por qué funcionar. Ya veremos. A veces lo mejor es que algo no funcione. A veces la desgracia es empeñarse en que algo funcione. Además todo funciona hasta que deja de funcionar. O a veces te mueres antes de que deje de funcionar (risas). 

Simplemente creo que es importante que seamos conscientes de qué es cada cosa en sí misma, para no ser prisioneros de un convencionalismo que no hemos elegido, para poder deshacernos de todos los apriorismos con los que nos han cargado, de todas las cosas que hemos dado por supuestas.

Saltar al vacío…

En realidad estás saltando al vacío siempre. Seas consciente o no, estás saltando al vacío. Si no eres consciente, te vas a dar cuenta más adelante, no te preocupes. Estás entrando en algo desconocido por muchas veces que hayas entrado, porque siempre es distinto. 

Sin embargo, si estás preso de una convención, te crees que eso es algo determinado, algo ya convenido previamente, claro, definido. Y entonces crees que no estás saltando al vacío, porque estás intentando olvidar que ya lo has hecho. 

Estás utilizando la convención para no asumir la incertidumbre, el vértigo. Y por eso vienen las desilusiones después. Creías que ibas agarrado, seguro, que sabías qué tenías entre manos. Pues no, lo siento mucho, no tenías ni puta idea. Nunca lo sabemos. Al menos conscientemente, nunca lo sabemos.

Entonces podrías formar una pareja saltándote la fase del enamoramiento. Si el enamoramiento es una fase de locura transitoria biológica, y la parte de más consciencia es lo que ocurre después…

De hecho hay parejas que no se enamoraron nunca, y que se mantienen unidas a través de todo tipo de tormentas. Son parejas basadas en un acuerdo concreto y explícito, en una alianza táctica, pragmática, para facilitar y mejorar sus vidas, sin pretender que determinados sentimientos tuvieran nada que ver en todo esto, sin pretender ser otra cosa, aunque pudieran convertirse luego en otra cosa, o no. 

En estos casos primero es la pareja, y a veces luego algunas parejas se enamoran, además. Pero no es necesario, puesto que no tiene absolutamente nada que ver con el pacto. Incluso, a veces, el enamoramiento rompe la pareja. El enamoramiento de una de las partes.

¿Y qué es lo que uniría a esas dos personas “no enamoradas”?

Creo que la sensación de ser un equipo, de amistad y complicidad, de que ambos se ayudan a ser lo mejor que pueden ser, la sensación de que, de alguna manera, eso amplía y expande sus vidas, de que aumenta su sensación de felicidad y bienestar, de poder y serenidad. Esto podría ser una idea del amor, tan válida como otra cualquiera.

¿Tú me proporcionas algo que yo no tengo, y yo te proporciono algo que tú no tienes?

Nadie te puede proporcionar algo que tú no tengas. Sólo te pueden proporcionar lo que ya tienes.

Sin embargo hay gente, efectivamente, que entiende el amor de esta forma, como una forma de necesidad, como un negocio. Para mí esta idea del amor nunca podrá hacernos sentir bien, puesto que surge de una carencia que sientes tener, y tu relación se basará entonces en pedir y en esperar, en dar mirando de reojo a ver si recibes de vuelta lo acordado. 

Cuando amas de esta manera, estás utilizando a la otra persona. No quieres lo mejor para ella, sino que te aporte lo que crees que te falta, que no se vaya nunca para que tú no te quedes sin ello. Y entonces aparece la posesividad. Y la continua insatisfacción y decepción. Porque tu carencia es un pozo sin fondo. Mientras se lo pidas a otro, no lo tendrás. Ya no eres un bebé. Y el otro jamás podrá dártelo.

Pero yo no hablaba de este tipo de relación. Para formar un equipo no tiene por qué existir necesidad. De hecho, cuanta menos necesidad, mejor funciona el equipo. Un equipo de mendigos es un desastre asegurado. Para mí un equipo tiene que basarse en la admiración mutua. 

Sería así: A través de ti me doy a mí mismo algo que creía no tener, no porque no lo tenga, sino porque gracias a ti, lo veo al fin en mí. Y viceversa. Entonces el otro no es un instrumento para un fin, sino un compañero en un viaje infinito, un continuo encuentro conmigo mismo, con esa parte de mí que me enseña cómo ser mejor.

¿Crees que es más saludable vivir en pareja? Las encuestas dicen que las personas casadas viven más. Sufren menos infartos, etc…

Habría que ver bien en qué se basan esos datos. Pero creo que lo importante aquí es la sensación de soledad emocional, estés en pareja o no. Si te sientes solo emocionalmente, tu organismo sufre desamparo, y tu salud se resiente. 

Esa sensación de soledad emocional puede sentirse también estando en pareja. De hecho es más probable, incluso más profunda, puesto que en pareja uno no puede justificarse esa soledad de ninguna manera. Incluso en relaciones sentimentales de tres o más personas, las cuales quiero hacer constar que hemos obviado, cuando cada vez se dan más a menudo. Pero en todo grupo, las relaciones siempre son individuales, tú con cada uno de los miembros del grupo. Se trata de varias parejas que experimentas a la vez. Es decir: siempre hablamos de parejas en el fondo. 

Pero en cuanto a la soledad que se puede sentir, da igual el número de miembros en un núcleo sentimental. Porque es algo que tiene que ver contigo, y no con quien estés. Cuando la pareja nace del miedo a estar solos, estar en pareja os acaba haciendo sentir aún más solos. O dicho de otra forma: Cuando tienes miedo a estar solo, deseas estar solo sin saberlo, y entonces buscas parejas con quienes sentirte así.

Por eso cuando quieres a toda costa encontrar a alguien, es cuando más necesitas ser honesto y estar solo. Y cuando quieres estar solo por lo bien que te sientes así, es cuando más preparado estás para encontrarte con alguien…


Entrevista realizada por Elsa Bonafonte para Psiquentelequia.
Fuente original:

“Nuestra percepción personal de la realidad es nuestra principal obra de arte" (David Testal)


El trabajo de David Testal gira alrededor del poder transformador de la palabra. “Cineasta, exorcista y autor”, señala su biografía de Twitter: “el diablo o diablos, para mí, sólo son metáforas de aquello que vivimos como “negativo” en nosotros”, aclara. Su artística liberación la ejerce a través del lenguaje, con un marcado espíritu de cambio: “no creo en la experiencia en sí misma, que apesta, sino en la inocencia a través de la experiencia, o a pesar de ella. Creo que los currículums son cementerios, y que cargar cadáveres nos ata a lo que ya no somos”, cuenta. Testal posee una carrera extensa como creador, principalmente en el mundo del cine, con producciones como El bosque de Beatriz, Puedo o Un principio, pieza que en la que filmó la separación real de una pareja y que la prensa especializada señaló como uno de los mejores cortometrajes de 2012. El artista está de enhorabuena, ya que acaba de lanzar la segunda edición de su libro Si fueses pájaro lo entenderías. Un libro lleno de “pócimas” para “nacer de inmediato a otro mundo” ya que -según confiesa- cada pócima “no es lo que está escrito, sino la chispa que se produce en el contacto de las palabras y la consciencia”.


Ante alguien como usted, preguntar a qué se dedica supone una respuesta inabarcable…

Para cualquiera es inabarcable en realidad. Nadie sabe a qué dedica su vida. Vivimos un misterio. Podría decir que me dedico a adentrarme en ese misterio a sabiendas. A veces a través del cine, a veces de la escritura, a veces del Tarot… Pero adentrarse en ese misterio es algo que todo el mundo hace continuamente, de forma consciente o no, y sea cual sea su aparente actividad. Me dedico a investigar eso a lo que nos dedicamos todos, que es una forma de decir que no me dedico a nada en absoluto.

Acaba de lanzar su libro Si fueses pájaro lo entenderías y ya va a por la segunda edición, ¿qué encontramos en él?

Como en todo, no puedes encontrarte con nada que no lleves ya contigo. Se trata del primer volumen de un amplio Manual de Alta Magia que he ido escribiendo durante años, y que estaré escribiendo toda mi vida, dure lo que dure. Tratará del lenguaje como instrumento mágico, de cómo lo utilizamos continuamente para crear el mundo en el que vivimos, y de cómo podríamos utilizarlo de forma más consciente para crear otros mundos.

En él habrá varias colecciones con varios libros cada una. Este primer libro forma parte de la colección que llamo “pócimas”, textos breves e independientes que pueden ser leídos también al azar, y que pueden explotar en los ojos.

¿Esperaba esta demanda?

Si te soy sincero, sí, y aún espero más y más, porque confío en el libro, y comienzo a ver lo que el libro hace en quien lo lee. Si no fuese un libro que yo mismo querría tener a mano siempre, si no hubiese escrito el libro que a mí me gustaría leer y tocar y revisitar, no lo hubiese publicado. No me lo esperaba tan rápido, eso no, porque se trata de una pequeña auto-edición y estoy haciendo personalmente todo: contestar pedidos, hacer paquetes, enviarlo, promocionarlo… y aprendiendo por el camino.

Usted dice “todo encuentro humano, por breve y banal que parezca, es sagrado”, ¿puede explicarnos esto?

Cuando digo que “algo es…”, digo que ahora mismo decido que eso sea así para mí. Las definiciones son decisiones personales, no verdades universales. ¿Y por qué decido sacralizar cualquier encuentro? Porque así lo convierto en algo significativo y útil. Vivimos inmersos en un sueño. Nos soñamos mutuamente. No puedes conocer al “otro”, sólo puedes conocer tu forma de percibirle. Y esa forma de percibirle te devuelve una imagen tuya que habías perdido. Vivimos en el mundo que somos, y nos estamos encontrando siempre con nosotros mismos. Lo que rechazas o amas en otro, lo rechazas o amas en ti. No porque sólo exista tu ego personal, sino porque “tú” y “el otro” sois lo mismo. En ti me reconozco, es decir: reconozco todo. “Namasté”, dicen en India. En ese sentido es sagrado para mí.

¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en su actividad?

Para mí esa división no tiene sentido. Para mí todo es ficción, y esa ficción es “real”.

Un claro ejemplo es su cine, con historias como Un principio, un documental con imágenes reales de la despedida de una pareja, ¿en qué fase están sus demás proyectos audiovisuales y de qué tratan?

No me gusta hablar de mis películas antes de terminarlas. Primero la acción, y luego el discurso. Cuando esté hecho, hablamos de ello. Haciendo cine voy muy despacio, tengo embarazos aparentemente muy largos.

¿De qué forma concibe el arte?

Nuestra percepción personal de la realidad es nuestra principal obra de arte, es el mundo que creamos para vivir en él. Estar vivo entonces, por definición, ¡es ya ser un artista! Eso que solemos llamar “arte” es solo una representación que hacemos algunos de esa creación continua y primaria que hacemos todos.

Y eso implica una responsabilidad de la que no podemos huir, puesto que la representación transforma lo representado. Al crear algo, plantamos una semilla en el imaginario colectivo y creamos futuros posibles. De inmediato todo ello está a disposición de cualquiera. Sabiendo esto, cada uno decide en qué dirección quiere crear, a qué mundo quiere contribuir. ¿Quieres sólo quejarte, denunciar, desmontar lo que no te gusta, o quieres plantar bosques en el desierto? ¿Quieres sólo describir el muro, o quieres construir una puerta en él?

¿Alguna vez le ha preocupado la salida comercial de sus obras?

Desde niño he tenido una absoluta confianza en que la fruta caería del árbol justo, en el momento idóneo, si yo me dedicaba a cuidar bien el árbol. Muchas veces nos enfocamos en eso que llamamos “triunfar”, sin darnos cuenta de que olvidamos enfocarnos en lo que queremos dar. Para mí eso siempre fue lo prioritario. Quería sentir que podía ofrecer algo auténtico y de utilidad a los demás, que podía honrar todo cuanto siento haber recibido. La salida comercial la deciden los demás después, en base a lo que sientan que les aporta.

Claro que es importante, una vez has hecho algo, hacer saber a otros que eso existe. Pero eso no es algo por lo que preocuparse, sino algo de lo que ocuparse. Además, para mí, la forma de hacer llegar a los demás tu obra es otra obra en sí misma. Y creo que es esencial que te guste mucho, y que creas profundamente en aquello que vas a ofrecer. Si sólo para poder vivir de ello, ofreces algo de lo que no estás convencido, algo que tú no quisieras para ti mismo sin dudarlo, estás suicidándote, y estás contaminando. Como dijo T.S. Eliot: “La mayor parte de los problemas del mundo están causados por personas que quieren ser importantes”.

En referencia a esto último que dice, ¿cree que la escasez de medios en esta crisis ha redirigido la senda hacia el factor humano en el arte dejando atrás los efectismos y grandilocuencias?

No creo en la escasez de medios. Creo que ahora mismo los medios se multiplican rápidamente. He visto películas maravillosas realizadas con un pequeño móvil antiguo. Relacionar los medios con el dinero es una trampa. Si quieres crear, no hay excusas. Lo que sucede es que esos medios que hoy abundan son de otra cualidad, y quizás no te permiten esa grandilocuencia. Afortunadamente.

Creo que están sucediendo dos cosas importantes debido a eso que llaman “crisis”: Por un lado se está acabando con la absurda profesionalización del arte, lo que está estimulando y acrecentando la creatividad humana. Y por otro lado, ese ser humano se está cansando de intentar entretener y de que intenten entretenerle. La “crisis” terminará, de una puñetera vez, con la industria del entretenimiento, que se creó para adormecernos.

¿Y será fácil despertar en esta sociedad?

La sociedad no existe para mí. No puede facilitarnos ni dificultarnos nada. Es una abstracción que solemos utilizar como excusa para no afrontar la responsabilidad individual, un espejo al que echamos la culpa de los obstáculos que nos ponemos. Dos vecinos no viven en la misma sociedad. Cada persona vive en la “sociedad” que hay solo en su mente. Vivimos en la sociedad que somos, y creemos que esa sociedad influye en nosotros y nos obliga a ser otra cosa.

Creo que hay que tener cuidado con el verbo “despertar”. La gente que lo enarbola como un deber suele pensar que estar dormido es no pensar como ellos piensan, es no ver lo que ellos creen ver. Y tus despertares sólo te incumben a ti. No puedes saber cómo contribuirán a la consciencia colectiva, pero lo harán. Todo lo que haces en ti, lo haces en el mundo. De esa responsabilidad nadie escapa. Pero cada despertar es distinto.

Y tal y como yo lo veo, no podemos elegir despertar o no. Despertar es inevitable, es una cualidad inherente a la vida. Estamos despertando continuamente a distintas realidades. Nos queda, como especie, una historia de sucesivos despertares por delante. Y siempre se despierta a otro sueño del que a su vez se puede despertar también. Un sueño contiene otro, como una muñeca rusa infinita. Antes de entrar en un sueño más rico y bello, creamos eso que llamamos “crisis”, que solo es el intervalo entre el sueño que hemos dejado y el sueño que aún no hemos habitado.

Dentro de todo, hay un aspecto esencial, ese sistema vital que ha ido desarrollando: la Consciencia Co-Creativa… ¿qué herramientas lo componen?

No está compuesto por herramientas, sino que cualquier herramienta puede ser creada o aplicada en base a ello. Es el nombre que le he dado a la consciencia de que cada persona está creando el mundo en el que vive y, a la vez, esa creación depende de nuestros encuentros.

Por ejemplo: Si me cuentas tu historia, yo no puedo escucharla por mucha atención que preste. Siempre me proyectaré en tu narración, aunque no lo sepa. No recibo lo que tú cuentas, recibo lo que yo estoy creando con lo que tú cuentas. Pero esa creación no hubiese existido si tú no llegas a contarme esa historia de esa determinada manera.

Así co-creamos la realidad. La comunicación, tal y como solemos entenderla, no existe. No podemos transmitir nada conscientemente. Sólo podemos crear símbolos, espejos. A través de ellos nos comunicamos sin saber qué comunicamos. Eres responsable del símbolo que le entregas al otro, y a la vez el otro es totalmente responsable de lo que hace con ese símbolo. Son dos responsabilidades independientes, en cuya relación no cabe la culpa ni el victimismo.

¿Un artista como usted, que investiga sobre el ser humano en su más pura esencia, que opinión tiene acerca de las redes sociales? ¿Cree que han cambiado los patrones de relación? ¿Cómo afecta eso a su trabajo?

La humanidad es un organismo que conformamos entre todos. La vida es una sola inteligencia que se manifiesta, de formas distintas, en cada uno de nosotros. Somos neuronas de una mente universal que, como individuos, no podemos abarcar ni comprender. Esa mente aprende a través nuestra. Somos a la vez sus sirvientes y sus creadores. Las redes sociales son una manifestación simbólica de esa mente. No están inventando nada. Sólo comienzan a representarlo. Y creo que, gracias a esa representación, el aprendizaje colectivo se está acelerando de forma impredecible. No es que los patrones de relación cambien debido a ella -nunca han dejado de cambiar-, sino que ese constante cambio se acelera.

En el trabajo están siendo decisivas, para mí y para quien quiera que lo sean. Gracias a ellas, sin movernos, nos encontramos con personas que comparten visiones del mundo similares por todo el planeta, en vez de tener que limitarnos al entorno físico en el que estamos. Intercambiamos conocimiento. Nos inspiramos mutuamente.

Y lo más importante en mi opinión: han hecho evidente que Darwin era un idiota, que la competitividad es absurda, y que lo realmente efectivo es la colaboración y la generosidad. Nos habían hecho creer que había que luchar y ganar a los demás para prevalecer. Pero las redes evidencian lo que siempre ha sucedido en el fondo: no sobreviven los más fuertes, sino los que más dan. Todos nos encargamos de que sea así. Porque quien da lo que encuentra, hace que todos lo encontremos juntos.

Usted está en continua reinvención, poniendo en regeneradora duda lo dicho, entonces, ¿qué visión tiene de proyectos que realizó en el pasado? ¿Cómo envejecen ante su lenguaje actual?

Nada envejece. Si escribiste algo ayer, por ejemplo, ya no eres el que escribió aquello, pero eres quien lo lee ahora. No importa cómo fue escrito, importa cómo es leído ahora. Es tu mirada la que lo hace actual.


Si Fueses Pájaro Lo Entenderías:
www.davidtestal.com/sifuesespajaro



Entrevista realizada por Juan Vinuesa.
Fuente original: